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Un peregrino cumple el riitual frente al Palacio de Potala. En la foto, rodillos de oración

Un peregrino cumple el riitual frente al Palacio de Potala. En la foto, rodillos de oración

Lo conocí en un hotel sin luz ni agua corriente por cuyos pasillos silbaba a sus anchas el viento helado del Himalaya. Jamás sabré porqué tuve que meterme ahí, pero, según parece, los acontecimientos más significativos de la vida suelen carecer de sentido, por lo menos hasta que llega el día en que todo se esclarece.

Mi habitación del hotel Plateau era gélida y fotos de la carretera el espinazo del diablo lúgubre como una celda monacal. Si hubiera recordado los rezos de mi niñez, me habrían echado una mano para bajar hasta la cocina  y pedir al servicio khampa mi triste cubo matinal de agua caliente. Una mañana, luchando por recuperar esas horas olvidadas de catecismo, oí que en la habitación contigua a la mía sucedía algo extraño.

Una dulce e incomprensible salmodia, un cántico monótono y sostenido flotaba en el aire traspasando las paredes hasta el cabezal de mi cama. A veces se detenía y oía una posecilla y unas respiraciones rápidas y profundas. Los misteriosos cánticos y toses se repitieron durante varios días.  Pero cuando preguntaba a los khampas qué pasaba en aquella habitación, se limitaban a reir entre ellos y a encogerse de hombros. Excepto yo, en el hotel no parecía hospedarse nadie más, lo cual era ilícito: el servicio era horrendo y la comida intragable.

Una mañana, reclamando desde la cocina mi cubo de agua, apareció de repente un hombre verdaderamente extraño: alto y delgado, con la piel agrietada y roja como un pollo desplumado, y unos ojos  azul claro que nunca olvidaré: extraviados y vidriosos parecían como los de un chiflado que se hubiera tragado un hongo alucinógeno.

EN BUSCA DEL PAÍS CELESTE

¿Cómo podía maginar que aquella aparición tan insensata era la de alguien que vivía frente a mi casa? Alfonso era nada menos que de Premià de Dalt, un pueblo del Maresme catalán muy cercano a Alella, donde yo había vivido casi toda mi vida; pero aquella mañana sólo vi a un lunático diciéndome que mis gritos le impedían concentrarse. Respondí que si el hotel estuviera en manos de chimpancés, a todos nos iría mucho mejor. Por la tarde volvimos a encontrarnos por casualidad y me invitó a tomar una cerveza en el Lost Horizonts. Me contó su vida y era de película.

Alfonso había recorrido el mundo entero, había embarcado en un  mundo fascinante a la “búsqueda y captura” de la espiritualidad, la felicidad, y otros aditivos menos abstractos. Había estado en California alternando la meditación trascendental con el LSD. En México probó el peyote con los indios tarahumara, y en Brasil la ayauasca. En el Japón hizo trabajos zen de rastrillo, y en la India flirteó con el shivaísmo.

Bajo la sombra de los impresionantes Himalayas se asientan la mayoría de los pueblos tibetanos

Bajo la sombra de los impresionantes Himalayas se asientan la mayoría de los pueblos tibetanos

Una noche cayó en la cuneta de un camino y unos lamas le llevaron a un monasterio tibetano en Siliguri. “Sucedió algo extraordinario. –me dijo. Yo estaba inconsciente y los lamas me dejaron en la sala de sus manuscritos sagrados. No sé porqué hicieron aquello, pero cuando me desperté a media noche tuve la repentina sensación de que había encontrado lo que había estado buscando toda mi vida”.

Alfonso se quedó en el monasterio cuatro meses. Estudió tibetano, meditó y devoró todos los libros que hablaban del Tíbet. Pronto se le impuso la necesidad de ir al mágico país de las nieves eternas y convertir en realidad la búsqueda de su vida.

Los monjes dedican buena parte de su tiempo a repasar las escrituras sagradas

Los monjes dedican buena parte de su tiempo a repasar las escrituras sagradas

A la cuarta cerveza yo ya estaba bastante borracho como para no sorprenderme que dijera:

-Dentro de unos días me voy de peregrinaje a la montaña más sagrada del mundo, el monte Kailas. ¿Te gustaría venir conmigo?

Yo nunca he sido una persona muy mística, y aunque Alfonso tampoco me parecía un asceta muy ortodoxo, su propuesta me sonó a campanillas celestiales. Después de todo, ¿quién puede negarse a un inesperado viaje por el país celeste?

El Tíbet también había sido para mí carretera una fantasía incomparable, un mito. Los libros de Lobsang Rampa habían sustituído a Tintín y a las aventuras del capitán Trueno. Lobsang Rampa resultó ser un simple fontanero galés con una imaginación desbordada, pero el fraude no disminuyó en mi fascinación por una tierra que no parecía de este mundo: situado en una meseta de 3000 a 4500 metros de altitud, origen de todos los grandes ríos de Asia, un paisaje continental y onírico en el que sólo podía vivir una raza de magos y duendes, repleto de lamas que conocían perfectamente el secreto de la levitación  y bandidos que conseguían romper el hielo con sólo su aliento.

Banderas de oración

Banderas de oración

El Tíbet fue invadido y anexionado por la fuerza a China en 1959, y la verdad es que quizás los chinos lo hubieran hecho de otra forma si hubieran sido capaces de imaginar el desmesurado interés que el pueblo de las montañas  despertaría en Occidente tras la invasión. Casi de repente, uno de los países más aislados y desconocidos del planeta se convirtió en el símbolo  de esta tierra salvaje, fantástica y mítica que todos llevábamos en la imaginación, y cuya identidad había que reivindicar como si fuera la nuestra.

Con la invasión china y la sistemática aniquilación cultural llevada a cabo por éstos, mucho se habría perdido si no fuera porque la cultura tibetana se extiende más allá de las fronteras tradicionales del país.

Oraciones gravadas en las rocas de las montañas

Oraciones gravadas en las rocas de las montañas

En estas regiones hoy se conserva el lamaísmo y las costumbres tibetanas más puras del mundo: Dolpo y Mustang en el Nepal, Skkim y Ladakh en la India, junto a los grandes centros indios de acogida  de refugiados como son Dharamsala, sede del jefe espiritual el Dalai Lama, así como Darjeeling, Kalimpong y otros puntos del país.

Pero cuando se remonta “carretera de la Amistad” que une Katmandú con Lhasa, la sensación de que nos dirigimos hacia el origen de un gran sueño nos eriza los pelos del espinazo. Pasamos por uno de los paisajes más espectaculares del mundo, saturado de pasos de montaña, precipicios y horizontes de vértigo. Después del paso fronterizo de Zhangmu, a 2300 metros, la carretera no cesa de subir hasta alcanzar la escalofriante altura de los 5200 metros en el paso La Lung-La.

La carretera de la Amistad se cruza con aldeas que nos hacen retroceder en el tiempo

La carretera de la Amistad se cruza con aldeas que nos hacen retroceder en el tiempo

En Tingri, además de tomar un té con manteca para recuperar fuerzas y calmar el mareo que producía la altitud, pudimos contemplar el Everest y el Himalaya en todo su esplendor. A partir de Lhatse, descendimos por un paisaje lunar que ofrecen todos los grandes monasterios de la provincia de Tsang. La colorida fortaleza de Sakya, el activo centro de Shigatse y la estupa piramidal del siglo XV  de Gyantse, una joya de la arquitectura budista única en el mundo, junto al monasterio de Chöde y las vistas que se ofrecen desde el fuerte. A 200 kms para llegar a nuestro destino, todavía nos esperaba la más mítica y prohibida de las ciudades: Lhasa, el corazón del Tíbet.

Lhasa, Corazón del Tíbet

Lhasa, Corazón del Tíbet

Lhasa

Lhassa

EL CORAZÓN DEL TÍBET

Lhasa alberga la histórica morada de los líderes espirituales tibetanos –los Dalai Lama- y la imagen más fiel de ese Shangri.la perdido y mágico, por haber sido capital prohibida y cerrada a los extranjeros desde tiempo inmemorial. Con la ocupación china, la ciudad ha perdido lógicamente algo de su viejo misterio, pero no su carácter sagrado y espiritual. Sus principales puntos de orientación están marcados por los tres circuitos de peregrinaje: Nangkhor, Barkhor y Lingkhor. Para descubrir Lhasa solo hay que ponerse en la piel de un peregrino y seguir estos circuitos, dejándose llevar por la admirable devoción tibetana y su intrincado ritual lamaista. La ruta de circunvalación intermedia de Barkhor rodea la estructura de Jokhang y, a lo largo de800 m, recorremos la ruta de peregrinación más importante de Lhasa y su centro histórico. El templo de Jokhang se fundó hace 1300 años y es el edificio más reverenciado del Tíbet.

Monasterio de Jokhang

Monasterio de Jokhang

El circuito de Linghkor comprende la totalidad de la ciudad vieja de Lhasa y con ella el edificio más emblemático: el Potala, una de las maravillas de la arquitectura oriental. Desde su construcción en el siglo XVII, el Potala fue la residencia de los Dalai Lama, y la sede del gobierno tibetano con sus docenas de capillas, celdas salas, escuelas religiosas y cámaras funerarias para sus muchos lamas. Todo un mundo.

Palacio de Potala

Palacio de Potala

POR SENDEROS DE MAGOS Y MÍSTICOS

El motivo de la fascinación que despierta el Tíbet en los occidentales se encuentra naturalmente en sus gentes, una raza privilegiada cuyas mentes oxigenadas han sido capaces de crear una de las culturas más ricas y seductoras del mundo. Su máximo representante es su santidad el Dalai Lama. Pero para mí los tibetanos exhiben algo más que bondad y sutilezas espirituales. Básicamente, son capaces de transmitir una mineral seguridad interior y una mezcla irresistible de astucia, desenvoltura y humor de mucha altura.

Nadie duda de la fascinación que despierta el Tíbet

Nadie duda de la fascinación que despierta el Tíbet

Aunque el budismo prohibe matar seres vivos, los tibetanos son grandes consumidores de carne. Incluso los lamas agradecen un buen cuenco de la potente cerveza local, el chang.

HACIA EL CENTRO DE LA TIERRA

Para el viajero intrépido, el auténtico atractivo del Tíbet son sus desnudos y abiertos espacios abiertos, tan intimidantes en su vibrante soledad que aquí uno capta que incluso las piedras puedan tener su propia vida.

La provincia conocida como Ü es la más oriental de las regiones centrales del Tíbet. Fue aquí, en el valle de Yarlung, donde los primeros reyes tibetanos iniciaron su conquista y unificación de la meseta del Tíbet, gobernando desde Lhasta durante tres siglos.

Además de los monasterios y esa atmósfera espiritual, el gran atractivo del Tíbet son sus paisajes desnudos y abiertos

Además de los monasterios y esa atmósfera espiritual, el gran atractivo del Tíbet son sus paisajes desnudos y abiertos

Sus máximas atracciones son los monasterios de Tsurphu, Ganden y Samye y la posibilidad de visitar el lago Nam-Tso. Debido a que su acceso se realiza a través del paso de Kong-La, a5.100 metros de altitud, la excursión sólo es recomendable para aquellos que viajen sin prisas y se adapten a los cambios de altitud.

Monasterio de Labrang

Monasterio de Labrang

Encontré a Alfonso frente al templo de Jokhang, postrado en el suelo, según el rito tibetano, de la cabeza a los pies. Le saludé y como no se movió pensé que estaría rezando.

-Me voy-, le dije.

Él se levantó y me miró con esos ojos claros de santo.

-Recuerda, me dijo sonriendo, que no hay viaje más largo que aquel que nos lleva al interior de nosotros mismos-.

la cultura budista lo inunda todo en el Tíbet. Todo el país está salpicado de monasterios que parecen auténticas fortalezas.

La cultura budista lo inunda todo en el Tíbet. Todo el país está salpicado de monasterios que parecen auténticas fortalezas.

Imágenes de Buda

Imágenes de Buda

Al amanecer del día siguiente salía de Lhasa en un camión, envuelto en una piel de yak, mientras las cumbres del valle, se desnudaban sobre nubes rosáceas. Conforme fuimos avanzando, la bruma se convirtió en giros de aire y la oscuridad se tiñó de luz.

Texto: Félix Roig; Fotos: Gonzalo Martínez Azumendi


CÓMO IR

La única opción de llegar a Tíbet en avión es vía Katmandú (Nepal) o vía Chengdu (China). Lufthansa ()  ofrece buenas conexiones desde Europa hasta la capital nepalí; allí Royal Nepal Airlines vuela dos veces por semana a Lhasa. El buscador de vuelos skyscanner ()  te ayudará a encontrar las mejores opciones.

VISADOS

Hay que solicitar visado en la Embajada de China. Las agencias de viaje pueden tramitar visados de hasta 90 días de duración.

QUÉ VER

En Lhasa

Templo de Jokhang. Del siglo VII, es la estructura más revenciada del Tíbet.

El Potala. Desde el siglo XVII hasta 1959, fue la residencia oficial de los Dalai Lama.

Palacio Norbulingka. Residencia de verano de los Dalai Lama. Es del siglo XVIII.

El viejo barrio tibetano de Lhasa ofrece muchos atractivos, como muchos monasterios budistas: Ramoche, Tsepak Lakhang, Gyume y el convento Ani Sangkhung.

En los alrededores: monasterio de Dreprung (secta de los gelupa), del siglo XV; y el monasterio de Sera, de 1419.

En la provincia de Ü

Monasterio de Tsurphu. Del siglo XII, de la orden Kagyupa.

Lago de Nam Tso. Rodeado de cumbres de hasta7000 metros.

Monasterio de Talung. Llegó a albergar más de 7000 lamas.

Monasterio de Reting. Del siglo XI.

Monasterio de Ganden. Del siglo XV. Sede de la orden de los Gelugpa.

Tsetang. La segunda ciudad en importancia después de Lhasa. Hay que visitar el monasterio.

Valle de Largung. Considerado la cuna de la civilización tibetana.

Monasterio de Samye. La primera de las instituciones monásticas del Tíbet. Fundado entre los años 765 y 780 dC.

En la provincia de Tsang

Lago de Yamdrok-Tso. Uno de los cuatro lagos sagrados del Tíbet.

Gyantsé. Una de las poblaciones menos influenciadas por la invasión china. Su principal atractivo es el complejo de Kumbum, que llegó a albergar 15 monasterios.

Shigatse. Es la segunda ciudad del Tíbet y capital de la provincia. Visitar el monasterio de Tashilhunpo y el palacio de los reyes de Shigatse.

Sakya. La ciudad monástica de Sakya, del siglo XI, alberga uno de los monasterios más grandes del país.

Tingri. Esta pequeña población es famosa por sus magníficas vistas de los Himalayas, incluido el Everest.

DÓNDE DORMIR Y COMER

Lhasa tiene bastantes alternativas para dormir, en función de los presupuestos. Fuera de la capital las posibilidades se reducen mucho: las únicas opciones suelen ser pensiones sencillas, cuyas habitaciones comparten baño. En la oferta gastronómica de Lhasa se puede escoger entre la comida tradicional tibetana y los restaurantes chinos han, que ofrecen una amplísima selección de platos. Destacan: Himalaya Restaurant (cocina tibetana e india), Tashi´s y Alougang (cocina tibetana).

QUÉ COMPRAR

El lugar idóneo para comprar en el Tíbet es el área de Barkhor, en Lhasa: rodillos de plegarias, banderas de oración, campanas de cobre, pañuelos de la buena suerte, cuencos, cuchillos, bisutería y, especialmente, las reputadas thagkas o telas de devoción.





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