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Era un tiempo en que la radio aún estaba más cerca de la gente. La radio de AM, porque las estaciones de FM eran todavía escasas.

Las noticias y los eventos no tenían aún la cobertura “Directo en Directo” vía unidades móviles con transmisores-receptores de banda ciudadana, o celulares enlazados por satélite, como en nuestros días.

“Publicidad Ferrando”, que transmitía las carreras de caballos desde el Hipódromo de Monterrico, lo mismo que la cobertura desde el Nacional de Lima de “Ovación”, que iba por la desaparecida “Radio El Sol 900 Kilociclos, la señal de mejor calidad”, lo hacían por la via telefónica, sin interferencias, con todo un Perú en sintonía.

Y de ahí directo a tu receptor.

Y alucinabas con lo que los “speakers” radiales te relataban.

Pocho alguna vez fue delgado, Pocho alguna vez fue guardavallas, Pocho alguna vez agarró una máquina de escribir y pudo probar que, aún con su prosa de estilo característico, podía ser periodista. Y cubrió mundiales de fútbol desde 1950, con ese estilo tan propio, coloquial, de esquina, de amigo a amigo…

Tras las Olimpiadas de Tokio de 1964 (año mágico, con Los Beatles para todo el Mundo, y los carros Mustang por todo lo alto) Rospigliosi decide crear, junto a Koko Cárdenas Burga (”la voz valiente y amiga”) y Enrique Valdez Caña, lo que se conocería después como “La Primera Organización Radial Deportiva del Perú”, con transmisiones de lunes a viernes, a las siete de la noche, y con coberturas en vivo, desde el propio lugar de los acontecimientos competitivos porque “donde se hace deporte, ahí está ‘Ovación’, un Perú en sintonía”.

Las fanfarrias de “Tokio 64″ eran la cortina musical.

Había una cuña (como las cuñas que usa “O’ Globo” y que dicen “Brasil” reverberado) que sonaba en tu aparato a transistores “A-rri-ba Pe-rú”, grabada seguramente con las voces de Huapayita y Chocherita Sandoval, y que sonaba cuando tu país, el nuestro, iba arriba en el tanteador, con el relato inconfundible de Yzusqui Tataje, y las propagandas en las voces del zambo Germán Villalobos Lino, o del multifacético Fernando Farrés:

”¿A dónde se fue Pitín”,

– “¿Qué pasó, qué pisó?”

-”Chocherita, ¿Cuál es la Pila”?

-”¿Y ahora qué te provoca”?

Y los goles los hacía el Nene, el Cholo, Cachito, Perico, Percy, JJ. Y Pocho gritaba (como los argentinos) “Gol, gol, gol, gol, gol!”, golpeando la mesa de transmisión, “Caseta Mi Soda D’onofrio”, para seguidamente sonar el “A-rri-ba Pe-rú”, desde Occidente, desde el Centenario de Montevideo, desde León en México, o desde Córdoba, en la Argentina.

En un tiempo en que había “huasca”, pero también estrellas. Que por si fuera poco hacían goles.

Y buenos goles, los suficientes para ganar con alegría.

Pero “Ovación” no sólo era deportes.
También era música, proveniente de la surtidísima discoteca personal de Pocho Rospigliosi Rivarola, que tuvo más de 10,000 LPs Y CDs, los más conseguidos de sus viajes como “reporter deportivo” alrededor del mundo.

Música que se transmitía en sus clásicos “Los Domingos de Ovación”, desde los programas “Tres en Ovación” y “Salsa en Ovación”.

En el último de los nombrados programas se estrenó, para todo el Perú, en 1978, el megaéxito de Blades “Pedro Navaja”, bailado en cuanto quinceañero, matrimonio o jolgorio de ese año ya lejano.

El 78 fue “El Año de la Austeridad Nacional”.

Y por “austeridad” ningún equipo periodístico fue a Argentina a cubrir a la selección de los Cubillas, de los Sotil, de los Velázquez, de los Cueto, de los “Chumpi”, de los Quiroga.

Martínez Morosini se derretía en un set de TV, transmitiendo por monitor, junto a su hijo y a Javier Rojas. Rulito, en el Cuatro, lo mismo, junto a “Cachito” Ramírez y a don Eduardo San Román.

Antes de los encuentros, y en los entretetiempos, todos los canales de TV, y todas las radios, se enlazaban con Pocho, desde “Argentina 78″, vía “Ovación” y su “Linea de 24 Horas”, con la que cubrían las incidencias, los acontecimientos, los colores de shorts, los de las medias de los equipos, las marcas de las camisetas, la comparación del estilo del jugador aquél con el que tenía Terry, en fin, “lo que le gusta a la gente”.

Abriendo la modernidad a las coberturas radiales, en un estilo que, aderezado con las ventajas de la tecnología, aún persiste hasta hoy.

Los ternos de su equipo periodístico Pocho los mandó a hacer en “Harry”, casi calcados de los modelos que (Pocho dixit) “los elegantísimos narradores de la RAI italiana” gastaban en los mundiales.

Cuanto tiempo! Y cuánto se te extraña don Alfonso Rospigliosi Rivarola.

(En la foto, el equipo de “Ovación” en “Argentina 78”)





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