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Y digo expedición porque así lo fue, no es cuento. Ya lo había intentado una vez sin encontrar el camino y sin que nadie me pudiese ayudar. Uno de los chicos hace algún tiempo había llegado hasta una parte, pero en total, nadie había llegado a la cima, así que un domingo nos fuimos a ver, primero que todo, si encontrábamos el camino.

Ese cerro con su formación rocosa espectacular, me había llamado la atención desde niña. Es visible desde buena parte de la carretera Interamericana, incluso desde algunas partes de Arraiján. Imponente, posee varios picos o cimas que alcanzan los 1000 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra ubicado luego de pasar la comunidad de y en sus faldas habitan comunidades como, Aguacate, el Chileno, y Majarajá. Es uno de los cerros más importantes del.

Es el último cerro que completa la Cordillera Central:” Núcleo axial que en forma de arco montañoso, convexo hacia el Pacífico, prolonga los altas relieves de Costa Rica (Cordillera de Talamanca) y corre hasta casi la mitad del Istmo de Panamá, (a través de las Provincias de Chiriquí, Bocas del Toro, Veraguas, Coclé y Panamá), para detenerse bruscamente en el Cerro Trinidad y en las bajas colinas de Capira. Probablemente, ahí comienza la gran falla del Istmo Central de Panamá (aproximadamente la Zona del Canal y sus alrededores).”

Según ANCON (1995), la cima del Cerro Trinidad está entre los pocos lugares dentro de la Cuenca donde se ubican especies de flora de tierras frescas y frías ya que la mayoría de las especies de plantas del área de la cuenca en forma general, es característica de flora de tierras bajas.

Los estudios de los recursos biológicos en el área de Trinidad han sido poco, en la actualidad se sigue presentando el caso, ya que posterior al estudio de ANCON el más reciente es el de monitoreo de la Cuenca para el sector del nacimiento de la subcuenca. Durante su estudio ANCON, reportó para el sector de Trinidad 34 especies de anfibios, 30 de reptiles, 267 de aves y 39 de mamíferos.

El Cerro Trinidad es un punto que se puede desarrollar para hacer caminatas de alto impacto, tiene pequeños caminos por los cuales se puede subir y a su paso se puede explorar acerca de la flora y fauna del lugar. Según los moradores arriba se encuentran los restos de un avión caído hace muchos años. Se puede hacer conexión con otras partes del Parque Nacional Altos de Campana.

Cómo llegar.

El llegar a sus faldas es muy fácil. En caso de ir en auto debes tomar la calle que está justo después del puente del centro de Capira, luego de pasar la Panadería Cesarín. No hay perdedero, solo debes seguir la calle. Si vas en autobús es aún más fácil, solo debes tomar un bus de Capira que se dirija hacia Lídice, puedes preguntar al conductor o fijarte en la parte delantera del bus donde pone la ruta, de la misma forma, pregúntale donde tomar las “chivas” hacia Trinidad.

El ascenso.

Nos detuvimos en una finca por donde debíamos entrar. Un señor limpiaba, y fuimos a interrumpirlo para preguntarle si él sabía por donde subir, aún no estábamos claros de cómo llegar a la cima.

El señor me dijo que él solo sabía llegar hasta la “toma de agua”. Me prestó su mejor machete amablemente y nos contó un poco de su vida. También nos ofreció una soga. Un perrito jugaba con la soga y con nuestros pies.

Avanzamos subiendo un llano muy lindo con árboles frutales. Recogimos naranjas, mangotines y seguimos nuestro camino que se veía fácil, hasta la toma de agua. Una vez en el bosque la vegetación era contundente, áspera y húmeda. Lo que venía eran barrancos.

Una loma empinada que parecía interminable, ya teníamos grandes cantidades de sudor por nuestros cuerpos; de inmediato procedimos a utilizar la soga, que nos fue de gran ayuda en todo el camino.

Llegamos hasta una laja gigantesca que parecía ser el borde de uno de los picos, allí descansamos y comimos tonterías e intentamos por supuesto subir la laja para ver si había camino. José y Carlos, como monos, subieron enganchándose entre lianas y pudieron ver el paisaje del otro lado pero ya no había más camino así que bajamos de la laja y seguimos improvisando hallándonos con algunos gigantes cien pies.

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Vegetación de altura.

Nos encontramos con una serpiente pequeña que se escabullía entre la hojarasca; de inmediato ella impregnó el ambiente con un olor a pescado podrido, su modo de defensa. Los hongos y setas estaban por todo el lugar.

Cien PiesSerpiente hojarasquera de vientre naranja

Estábamos cerca de una cueva, la humedad allí era increíble, y se escuchaba que dentro de la misma caía agua. Los murciélagos no paraban de volar de un lado a otro y al ver el flash de la cámara se precipitaron más, eran muchísimos, nos pasaban a un lado del rostro casi pegándonos.

Pude ver que dentro de la cueva había luz, por lo que se convertía en un túnel; verificamos y todo indicaba que era necesario pasar por allí y así lo hicimos. Como no teníamos idea que sería necesario usar lámparas, no las llevamos y en ese caso, con la poca luz del teléfono móvil y los flash de la cámara nos fueron suficientes, pero al hacerlo pude ver la gran cantidad de cucarachas gigantescas en el suelo, aparte de murciélagos alarmados volando en todas direcciones, corrimos lo más rápido que pudimos pasando el túnel y saliendo a la luz. Incluso tuvimos que halarnos unos a los otros para poder salir, estaba muy resbaloso.

La cueva parecía formada de un derrumbe de quien sabe cuantos cientos de años. Es importante destacar que casi todo el parque nacional Campana es resultado de la pasada actividad volcánica del volcán del Valle de Antón y existen  numerosas manifestaciones que hablan de un pasado geológico de una enorme fotos de piedra laja intensidad.

Cueva y sus murciélagos

Nuevamente utilizamos la cuerda, el camino era demasiado resbaloso y pronunciado. Continuamos abriendo camino, pues sendero no había. Nos sentamos en una loma a almorzar y agarrar fuerzas para seguir, no sabíamos hacia donde íbamos pero menos rendirnos.

Al levantarme pude ver claramente que en frente estaba uno de los picos, quizás uno de los más pequeños del Trinidad y a lo lejos se veían los techos de algunas casas, lo que significaba que estábamos subiendo y con eso en mente seguiríamos.

Una vez repuestos seguimos inventando camino. Hongos grandes, bromelias, epifitas, insectos, musgo, mariquitas, mariposas y el canto de las aves nos acompañaban. Grandes árboles encontramos a nuestro paso. Los arbustos nos cerraban el trillo, nos confundían, nos perdían. Los helechos son los dueños del lugar, los hay de todas las especies. Árboles espinosos advertían su presencia al agarrarnos de ellos para avanzar. La vegetación estaba cerrada, casi no se veía el cielo, solo la copa de los árboles y el olor putrefacto de materia en descomposición nos llegaba de repente, además de la neblina que casi nos tocaba.

De pronto la loma se hizo empinada, bordeamos una laja enorme subiendo hacia quien sabe donde. Las grandes rocas que pisábamos se caían e iban a dar con fuerza al que venía detrás. Nada de lo que pisábamos era seguro usamos una soga para poder continuar, resbalamos muchas veces e invadíamos el ambiente con carcajadas de aliento por seguir.

Ya estábamos arriba, pero no podíamos ver nada pues la vegetación estaba alta. José se inventó que lo agarráramos del brazo y balanceándose tumbó con el machete parte de los arbustos que no nos dejaban ver el paisaje. La neblina nos tapaba mucho, pero a pesar de eso pudimos ver gran parte de la comunidad de Cacao, Trinidad y allá abajo estaba aquel pico que vimos cuando almorzábamos, lo que indicaba que estábamos muy alto. A la izquierda teníamos otro pico. ¿Sobre cual estábamos? Ni idea, lo que si notamos es que estábamos sobre uno de los más altos.

Vista desde la cima

Al llegar la neblina estaba espesa, la vegetación de altura era tupida. En ocasiones la neblina desaparecía y pudimos ver que a nuestra derecha había un pico aún más alto. Nos sentamos y descansamos, ya teníamos 4 horas de estar subiendo cerro Trinidad, pero valió la pena.

Carlos sacó su reloj y midió la altura e indicaba que estábamos a 965 msnm. Era un hecho. Estuvimos largo rato esperando que la neblina se fuera, pero nada.

Escarabajo

Un escarabajo se subió al pantalón de José y se veía tan tierno como un peluche, caminando como loco sobre la hierba. Inventamos poner una bandera, pero no teníamos tela para hacerla, así que Samu de sacrificado se quitó su camisa y colocamos la bandera roja que allá arriba debe estar.

Grupo en la cima con la bandera

Descenso.

Bajar el cerro fue otro dilema. Mis piernas estaban hechas trizas por las enredaderas cortantes. Bajé con las nalgas en el piso con tal de no resbalarme, a pesar de que usamos soga en todo momento, fue difícil.

No hubo quien no se diera la típica “matada” resbalándonos a cada instante. Salimos golpeados y rayados. De regreso decidimos no tomar la cueva pero fue necesario bajar con la cuerda por una laja alta.

De regreso en la casa de nuestro amigo, el señor Pitti, nos quedamos un buen rato hablando con él que ya había pensado subir el cerro a buscarnos pues eran las seis y media de la tarde y no bajábamos. Nos ofreció guacho y prácticamente nos obligó a tomarnos un trago de whiskey para celebrar nuestro ascenso. Tremendo amigo nos ganamos, con el cual estuvimos 100% agradecidos por su ayuda y claro, se llevó su salve del día.

Definitivamente, este ascenso fue increíble por la cantidad de locuras que tuvimos que hacer tanto para subir, como para bajar, pero la recompensa fue única y de seguro muy pronto lo haremos de nuevo, a ver si llegamos hasta el pico más alto del Cerro Trinidad.

Si deseas hacer este ascenso, debes tomar en cuenta muchas medidas de seguridad y tener muy buen sentido de orientación. Para cualquier duda, saben que pueden escribir a





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