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AINARA

AinaraEnTuCara

 

Domingo 23 abril–               AINARA 3

 

Tras unos pocos pasos asfaltados, bajo el sol primaveral de la sobremesa, el silencio empieza a ser incómodo entre Ainara y su tío Bruno. Puede que sea él quien se sienta más violento, pero es ella la que termina por poner voz a ese inusual reencuentro con una muletilla que nunca falla:

 

A:  ¿Cuánto tiempo no?

B:  Sí… Hacía… ¿Cúanto?… cuatro? cinco?

 

Bruno busca el rostro de su sobrina. Ella no parece estar por la labor de contestar hasta que se percata de ello. Encoge los hombros y pone cara de extrañada.

 

A:  ¿De verdad me estás preguntado por la última vez que cuidaste de mí?

B:  Sí. Bueno… Creo que desde entonces… puede que no hubiéramos hablado.

A:  Ya, es que… una se hace mayor. Sería raro que me hicieras de canguro a mi edad.

 

Ainara sonríe de un modo algo enigmático, como si más allá del humor se escondiera cierta incomodidad y una sutil ofensa por una conversación ridícula y forzada.

 

A:  Ya sé que mi padre te ha dicho que me acompañes, pero…

B:  ¿Tan pronto quieres librarte de mí?

A:  No, si lo digo por ti. A mí plin. Imagino que tendrás cosas que hacer.

B:  No te creas. No soy un hombre tan ocupado como tus padres.

A:  Ni tú ni nadie.

B:  Por eso siempre acudían a mí cuando no tenían con quien dejarte.

A:  Ahora me toca a mí cuidar del mocoso hiperactivo de mi hermano.

 

Mirando por donde pisan sus bambas deportivas, blancas y rosas, a la chica se le dibuja una mueca nostálgica en la cara y, tras buscarse de nuevo en los ojos de su tío, le da continuidad a ese lejano relato:

 

A:  Me gustaba quedarme contigo. Me dejabas hacer de todo.

B:  Era demasiado blando. Siempre he sido un calzonazos.

A:  No me decías que no a nada. Jaja. Lo pasábamos de lujo ¿no?

B:  Tú sobretodo. Yo sufría porque no me respetabas lo suficiente.

A:  Claro que sí… Bueno… No sé… Puede que te tomara un poco el pelo.

B:  Así me he quedado.

A:  Nah… Te queda bien rapado… Comparado con mi padre… No parecéis hermanos.

B:  Bueno… Él siempre ha sido propenso al sobrepeso y no hace nada de deporte.

A:  No es solo eso. Está viejuno. Muy viejo. Además, es tan serio y severo…

B:  Y yo soy tan dócil y permisivo… No me tomabas el pelo. Simplemente… me dejaba.

A:  Todos los padres deberían ser como tú. Si tuvieras niños lo pasarían fabulosamente.

B:  NoOh. Si se tratara de mis hijos sería muy distinto. Es tarea de los padres educar.

A:  Ah. ¿O sea que a mí me tenías consentida porque no era tu propia hija?

 

Bruno no necesita verbalizar su respuesta para que su sobrina pueda interpretarla como afirmativa. La rambla de Fuerte Castillo se consume bajo sus pies a medida que brotan las palabras, ahora de un modo más fluido y entrañable.

 

A:  ¿Y por qué os distanciasteis?

B:  No existe un motivo… concreto. Estas cosas a veces pasan.

A:  Dejaron de necesitar que me recogieras del cole y me dieras la merienda.

B:  Nooh… Entonces: ¿Por qué me llamó tu padre para quedar hoy para comer?

A:  Algo querrán de ti. Seguro. Son unos interesados.

B:  Qué opinión tan pobre que tienes de ellos.

A:  Bueno… Estoy muy harta la verdad. Me tienen muy controlada.

 

Mientras hablan, Bruno se percata de la extraña actitud que tiene un par de chicos muy jóvenes cerca de ellos. Tras superar una timidez explícita, se acercan y se dirigen a su sobrina:

 

-Perdona… Disculpa… Tú eres… Eres Ainara ¿no?-   dice uno con ojos como platos.

-Sí… sí, soy yo, en carne y hueso-   comprometida, aunque con cierto orgullo.

-¿Nos podemos sacar una foto contigo? Porfaah-   el segundo, con gestos de súplica.

-Bueno. Pero una y os marcháis ¿eh?-   con una mímica altiva y sobreactuada.

-!Waah! !Qué flipe!… AinaraEnTuCara-   susurra preparando su móvil.

 

Bruno da un paso al lado para no entrometerse. Mantiene una expresión algo pasmada. No entiende lo que está ocurriendo.

 

-Gracias Ainara. Eres la mejor-   a medida que se alejan.

-Te queremos. Sigue así-   dice el otro ya de lejos.

 

La chica finge estar distraída para no mirar a su tío mientras reemprenden la marcha, pero está claro que lo acontecido merece una explicación. Bruno tarda un poco pero finalmente:

 

B:  A ver: ¿A que ha venido eso? ¿Conocías a estos chicos?

A:  Mmm… Sí… Son coleguillas míos.

B:  Tú no les conocías. Te han preguntado tu nombre y tú no les has reconocido.

A:  Es que hacía tiempo que no les veía el careto, pero sí.

B:  ¿Eres la mejor? ¿Sigue así? ¿Te queremos?

 

Ainara no se digna a contestar, solo levanta sus cejas perfiladas en un gesto reservado que no quiere dar explicaciones. Siguen andando acompañados por un silencio que no resulta incómodo esta vez, solo algo extraño y reflexivo. Despistado, Bruno se encamina por la calle equivocada:

 

-No tío. No desencarriles. La casa de Judith está por aquí-   agarrándole el brazo.

-¿”AinaraEnTuCara”?-   con el ceño fruncido recordando las palabras de los chicos.

-¿Qué?… Anda. Olvídalo. No me seas mendrugo-   con una repentina incomodidad.

-Qué es eso de “AinaraEnTuCara”-   mientras la mira de nuevo sin relajar su frente.

-Y yo que sé. Los críos de hoy se inventan muchas expresiones nuevas. A saber…-

-Lo voy a buscar a ver que sale-   desconfiando de la irritada reacción de su sobrina.

-Nono… no… Verás:-   se muerde los labios y se detiene pensativa   -Es que soy famosa-

 

La chica se queda mirando a su tío, cabizbaja, con boquita de piñón y los ojos muy abiertos. No tiene un plan de contingencia mejor para esta situación tan indiscreta. Bruno está desconcertado y niega ligeramente con la cabeza:

 

B:  No eres famosa Ainara. ¿Qué inventas? ¿A caso sales en la tele? Cine? Escenarios?…

A:  Qué jurásico eres tío. Hoy en día las famosas somos diferentes. Vamos por libre.

B:  Entonces deja que lo vea.

A:  Nonoh… a ver… … Sé que lo verás igualmente, pero te lo pido… te suplico… porfins.

B:  ¿Qué?… … ¿Que no se lo diga a tus padres?

A:  Xaaaaact. Si mi padre se entera me degolla sin anestesia.

B:  Nadie usa anestesia para degollar a alguien.

A:  Al igual. Tú ya me copias. No pueden saberlo. Me arruinas la vida si lo cuentas.

 

Esa carita de pena derrite el enfado que intenta engendrar Bruno. No tiene base todavía para enojarse, pero se teme los motivos por los que su sobrina pueda estar triunfando en la red. Los tiene delante, aunque ahora mismo tengan una cobertura razonable. Tras unos instantes meditativos, ya frente al portal de Judith, intenta sonsacarle más información a la niña.

 

-¿Cuanta fama?-   con un tono discreto, neutral y expectante.

-… … … Millones-   responde ella con una vergüenza pícara.

¡¿MILLONES?!… millones de qué-   roto.

-Bueno. Millones si sumas mis fans de las diferentes redes, pero eso es un fake porque la mayoría de ellos me siguen en todas partes. No puedo contar varias veces a quien me sigue por insta, face, youtube… ¿entiendes?-   sonriente.

-Eso es… es… eso no… ¿Estás segura?-   sin dar crédito.

-Que sí. Estoy ganando dinero y me dan muchas cosas-   rebosante de satisfacción.

-¿Quién? ¿Quién te da todo eso? Tus seguidores?-   un poco asustado.

-Mis patrocinadores: Marcas, discotecas… YouTube… y… también mis fans-

 

Ainara da un paso hacia la puerta, muy cerca de ellos, y toca el timbre del telefonillo. Bruno no la sigue con la mirada. Con los ojos clavados en el mármol, que define la parte baja del edificio, no sale de su asombro. Suena una voz telefónica:

 

J:   ¿Sí?

A:  Soy yo brabuscona… ¡Abre!

 

Con un fugaz gesto jovial, la chica se arrima a su tío, todavía en shock, y le da un besito en la mejilla justo antes de empujar esa puerta metálica. Antes de que se cierre y finiquite esa conversación, Ainara le lanza una última súplica reiterativa.

 

A:  No digas nada vale tío. Por lo que más quieras. !A nadie!

 

Sin tiempo ni energías de contestar, ese hombre observa, tras el cristal, como su sobrina se encamina, con juguetones saltitos, hasta el ascensor y le dedica una alegre despedida con la mano antes de desaparecer de su campo visual.

 

 

JUSTO:     Esta gente parece que no quiera cobrar.

EDURNE:  Déjalos, pobres. ¿No ves que van de culo?

JUSTO:     Pero si traer la cuenta es lo más fácil. Es un papelito que sale de la máquina.

 

Tan exigente como siempre, al padre de Ainara no le gusta que le hagan perder el tiempo. Hace rato que ha terminado su café enriquecido y no quiere esperar más. Mientras le hace gestos imperativos al camarero, desde lejos, su mujer le pregunta:

 

E:  ¿Cómo has visto a tu hermano?

J:  Como siempre. A su rollo. Sin preocupaciones… !Julen! !Siéntate de una vez!

E:  ¿No te parece que está muy solo? Sin mujer, sin familia, sin amigos…

J:  Algún amigo tendrá. Solo es que no habla de ellos.

E:  ¿Algún amigo que no tenga cuatro patas? Deberíamos cuidar más de él.

J:  ¿Le acabo de invitar a comer no? ¿De qué te quejas?… … !Juleeeen!

E:  Vamos cariño. Los dos sabemos porque le has invitado de pronto. Después de años.

J:  Me vas a decir que a ti no te preocupa la niña. Algo tenemos que hacer con eso.

E:  Estamos hablando de asuntos distintos. Una cosa no quita la otra.

 

Un chico, alto, delgado y con gafas, tras tropezarse con los correteos del pequeño Julen, les trae la cuenta pellizcada en el clip de un pequeño platito oscuro.

 

-¿Todo bien señores?-   con un tono servil.

 

 

Incluso antes de que se abra la puerta, Croma ya empieza a emitir sus leves maullidos de bienvenida. Bruno recibe esa pequeña dosis de calidez cada vez que llega a su pequeño estudio, en el ático de uno de los edificios más altos de Fuerte Castillo. Le gusta esa distancia vertical que le separa del ajetreo urbano. Tras acariciar prolongadamente a su gata tricolor, enciende su computadora con la intención de trabajar un rato en las fotografías de la boda de ayer. Una sensación de vacío se apodera de él cada vez que tiene que dedicarse a esta clase de labores. Como siempre, intenta autoconvencerse:

Manos a la obra. Vamos allá. Algún día podré escoger encargos apasionantes, pero ahora he de apechugar con la dura vida del autónomo

Detesta el concepto matrimonial y todavía odia más la institución de la iglesia, pero no puede descartar nupcias, bautizos ni comuniones. Son lo que más dinero le da.

Antaño, una mujer necesitaba a un hombre que la mantuviera de por vida para dejar el trabajo y poder entregarse por completo a un proyecto familiar. Incluso estaba bien visto que el marido fuera infiel siempre y cuando no desatendiera las necesidades de su esposar y de sus hijos. Era realmente un “Sí quiero” para siempre. ¿Pero hoy? Qué inútil resulta todo este paripé cuando te puedes divorciar al día siguiente sin reparos; cuando la mayoría de los casamientos terminan en separación; cuando el amor es tan líquido y tiene una manera tan cruel de envejecer

Mientras azota a su ratón inalámbrico con el dedo índice, otra idea galopa, impetuosamente, para arrollar a estos tediosos pensamientos filosóficos. En el lado opuesto de tan absurdos convencionalismos sociales está Ainara, con su novedoso modo de irrumpir en el mundo a través de las redes sociales.

Bruno ha estado consultando su móvil durante el itinerario en metro, de camino a casa. No ha querido maximizar la pantalla, pero eso no le ha impedido percatarse del calibre de los sensuales bailes que su sobrina publica en su canal; de la manera que tiene de andar por los límites de la censura en Instagram, Facebook, YouTube… No se lo inventa; ni siquiera exagera cuando afirma que las distintas ramificaciones de AinaraEnTuCara acumulan cientos de miles de seguidores.

Desatendiendo lo que tan cercanamente le muestra la pantalla de su ordenador, ese entregado fotógrafo se dedica a encadenar pensamientos tendenciosos a cerca de su familia más cercana:

¿Debería de contárselo a Justo? ¿Tengo que mantenerme al margen de este asunto? ¿Es normal… es aceptable que Ainara se exponga de este modo? ¿Qué riesgos implica todo esto para alguien tan joven?

Los comentarios que suscita la ciberactividad de la niña no son precisamente alentadores, aunque la mayoría de esos escritos calenturientos son tan groseros como inofensivos; tan íntimos como superficiales; tan simples como carentes de pretensiones en el mundo real. Muchos de sus autores viven al otro lado del Atlántico y algunas, aunque pocas, son niñas preadolescentes que admiran a Ainara y quisieran llegar a ser como ella.

Recuerdo cuando la popularidad era un concepto que no iba más allá de las paredes del aula en la que dábamos clase

Escondida tras esta nostálgica evocación, una curiosidad morbosa no para de lanzarle el lazo insistentemente. Le pide que cierre el editor de fotos y que abra el canal de su sobrina a pantalla completa; con el volumen de la música bien alto. Bruno suspira y toma distancia reclinándose, hacia atrás, en su silla.

Se me ha puesto dura, en el metro, con solo un par de vistazos rápidos,  con la pantalla pequeña, sin sonido y mirando de reojo… He tenido que quitarle el asiento a una abuela para disimular mi erección. Sé lo que pasará si cruzo esa puerta y no quiero. !Se trata de Ainara!

Bruno se conoce bien. No tuvo novia cuando era joven y esa carencia le provoca, todavía hoy, una filia muy pronunciada respecto a las chicas de corta edad; como si se tratara de una asignatura pendiente. Se nota degenerado cuando, habiendo sobrepasado los cuarenta, se fija en niñas de instituto o todavía más infantiles. No lo puede evitar: su alegre frivolidad, esos gestos presumidos, su efervescencia hormonal, esa consciencia recién llegada de su propio potencial erótico…

Hoy mismo, nada más bajar del coche de su hermano, Bruno se ha quedado embobado observando como Ainara peinaba sus largos cabellos, con ambas manos, mirándose en el reflejo de la ventanilla, curvando su figura para constatar esos incontestables encantos, luciendo su corta, aunque razonable ropa veraniega… Mientras tanto, Julen daba rienda suelta a su entusiasmo corriendo alrededor del auto, Justo hacía una llamada laboral de última hora y Edurne se encargaba del parquímetro.

Ha sido entonces cuando ha empezado a agrietarse el sosegado temple que tenía que reinar durante esa comida de reencuentro familiar, en el restaurante. Bruno se ha esforzado para ocultar el pernicioso interés que le despertaba su sobrina pero, a pesar de que casi no han mediado palabra, no ha podido dejar de mirarla más de la cuenta. Le costaba encajar que la niña que él cuidaba, hace tan pocos años, se hubiera convertido en una chica tan atractiva.

Casi a escondidas, sus dedos han tecleado la palabra mágica en el buscador y Ainara no ha tardado en asaltar, con vehemencia, la pantalla del ordenador de su tío. La curiosidad ha podido con él. Sube el volumen y se entrega al morbo que le provoca su sobrina. Ese falo hambriento no tarda en importunar el decoro de sus cómodos pantalones oscuros de andar por casa. Bruno se había propuesto ejercer de mero observador, pero ese propósito tan endeble desfallece a las primeras de cambio.

“Flap-flap-flap-flap….”

Joder… Ainara… ¿Por qué me hace esto?… No puede ser que estés tan buena… y que lo enseñes así… Esto… esto debería de estar prohibido… ¿Cómo te atreves? ¿Cómo es posible? Esto noOh… noOh… oOoOh… fuuuaaaaah

No ha necesitado demasiadas sacudidas para que su palpitante fuente carnosa brotara, caudalosamente, saturando la capacidad de absorción de la generosa tira de papel higiénico que había dispuesto, estratégicamente plegada, para afrontar ese más que previsible derrame seminal. Sorprendido por un gozo tan extremo, Bruno recapacita:

Pero… ¿Esto qué es? ¿Cuánto hacía que no…? Sí. Sin duda. Si no logro acordarme es que hacía demasiado

Se trata solo de un comienzo. Ainara tiene metraje suficiente para estimular todas las pajas pendientes que su tío acumula desde principios de año. El segundo orgasmo es tan consecutivo que se hace efímero, como si llegara por pequeñas entregas azotando un sistema nervioso que todavía no ha podido recomponerse. Esta vez, sus menguantes borbotones alvinos están más licuados y han perdido vigor, a pesar de ello, manchan una nueva disposición celulosa causando un deleite similar.

Es sencillo, para los censores, censurar determinadas partes del cuerpo, palabras concretas e incluso actitudes demasiado explícitas, pero cuando se trata de una seducción coreografiada; de un encanto desmedido e imposible de cuantificar, de una calentura tan subjetiva…

No hay cifras ni palabras que puedan describir la gracia con la que se contonea Ainara; las sinuosas miradas despeinadas que le dedica al objetivo, el partido que le sacan, esas nalgas tan redondas, a la indecente brevedad de sus shorts tejanos, esa camiseta tan fina que no alberga sujetador alguno…

Esta tercera paja está siendo más duradera pero, de todos modos, Bruno ya divisa el advenimiento de una nueva corrida.   El cuadro lumínico que focaliza su atención empieza a deformarse a medida que su vista se somete a ese frenético zarandeo de nuevo. Cuando ya está trepando por el subidón que con tantas ansias perseguía, un sonido imperativo le distrae. Se trata de su móvil. Lo más lógico sería desatenderlo, pero:

 

B:  ¿Síh?

J:   Ei, ¿Qué pasa hermano?… ¿Estás bien?

B:  Sí claroh… es queh… estaba haciendoh… algo de ejercicioh.

J:   Seguro que te la estabas pelando. Jaja. Di la verdad.

B:  Que noh… que no. ¿Cómo dices esoh?

J:   Escucha: me ha alegrado que nos viéramos hoy.

B:  Sí. Hacía tiempoh ya. Ha estadoh… bien.

J:   Edurne dice que deberíamos quedar más a menudo.

B:  Cuando quieras Justoh… ya lo sabes. Donde haya comidah…

 

Bruno, todavía con los pantalones bajados, siente alivio porque su hermano no pueda saber lo que estaba haciendo hace tan solo unos segundos; porque no pueda saber que se la estaba pelando, como un mandril, mirando los videos de Ainara.

 

J:   ¿Cómo has visto a mi hija? ¿Habéis charlado mucho?

B:  Tampoco tanto. Un ratito, hasta que hemos llegado al piso de su amiga.

J:   ¿Pero vosotros teníais mucha confianza antes no? Hablabais de todo.

B:  Bueno. De eso hace mucho tiempo. Ella… ha cambiado mucho.

J:   Ya lo sé… De eso se trata. Estamos muy preocupados en casa.

B:  ¿Por qué? ¿De qué se trata?

J:   Me da a mí… … uff… me cuesta hasta decirlo.

B:  Venga tío, que soy yo.

J:   Creo que sale con un hombre mayor.

B:  ¿Ainara? ¿Pero qué dices? Si aún es una… niña.

J:   Tiene mucha ropa y… cosas. Ni siquiera me pide dinero ya.

B:  Pero… ¿Se lo has preguntado?

J:   Ella me dice que no. Dice que sus amigas le prestan esos modelitos.

B:  ¿Y lo del dinero?

J:   Que se le olvidó que era el día de su paga. Que todavía le quedaba del mes pasado.

B:  ¿Puede que sea verdad no?

J:   ¡¿Pero qué dices?! Nunca le quedaba ni un céntimo para la tercera semana del mes.

B:  No sé qué decirte. Si solo se trata de una paga…

J:   O tiene un novio con dinero o trapichea. Una de dos.

B:  De todos modos… sea lo que sea… no creo que yo pueda ayudarte con eso.

J:   Lo sé… … verás: a mí la niña me ve como a un tirano, pero a ti… erais muy amigos.

 

Justo no quiere que se le vea el plumero, pero la sutileza no es su fuerte. Desoyendo los consejos de su mujer, no ha podido esperar para sacarle el tema a su hermano en el mismo día de su reencuentro. Mientras escucha esa voz ronca, Bruno recuerda lo que le ha dicho Ainara esta misma tarde:

Algo querrán de ti. Seguro. Son unos interesados

 

B:  Creo que te estás equivocando conmigo Justo.

J:   Nooh. A ver. No te estoy pidiendo que hagas nada en concreto.

B:  Pues a mí me lo está pareciendo. ¿Por qué será?

J:   Son cosas que se me han ocurrido hoy. Esta tarde.

B:  ¿Se te han ocurrido después de invitarme a comer?

J:   Claro que sí. A ver… me preocupa mi hija. ¿Qué hay de malo en eso?

 

Bruno no contesta. Le da la impresión que solo tiene que dejar hablar a su hermano para que se ponga en evidencia.

 

J:   Estoy seguro de que tú podrías averiguar lo que ocurre.

B:  ¿Qué te hace pensar eso?

J:   Bueno… ¿Fuiste paparazzi no? Eso tiene parte de investigador.

B:  !Por Dios Justo! Esas fueron las semanas más humillantes de mi vida. Nunca…

J:   Lo sé, lo sé. No digo que sigas a Ainara. Solo que pienses en algún modo de…

B:  No me toca a mí pensar en esta clase de cosas.

J:   Tómatelo como un trabajo, como un encargo. Sé que no vas muy bien de dinero.

B:  Nunca te he pedido ni un céntimo, ya lo sabes.

J:   Lo sé. Eso te honra. Tú solo piénsalo. Solo miro por el bien de mi hija. Compréndelo.

 

La ira contenida de Bruno no versa sobre la lógica preocupación paternal de su hermano, sino sobre las formas que está empleando para usarle como a una simple herramienta.

 

B:  Crees que se me dan bien los niños porque hablo con ellos, pero…

J:   Claro que sí. Eres un crack.

B:  No. Lo que ocurre es que les hablo de igual a igual. No sé hacerlo de otro modo.

J:   Será eso. Te conviertes en amigo suyo, no en tutor. Eso les encanta a los críos.

B:  Ainara me hablaba del cole, de las amigas, de sus juguetes, de las series de dibujos…

J:   Mira… el año pasado, o el otro, la niña quería ser modelo y me pedía un book.

B:  ¿A ti?

J:   Bueno tío, me pedía que contratara a un fotógrafo profesional.

B:  Eso ya no se lleva tanto hoy en día.

J:   Le dije que ni de coña; que era demasiado niña para empezar con estas cosas.

B:  ¿Y ahora quieres contratarme? ¿Para que me haga amigo de ella de paso?

J:   Fffh. A la que intento hablarle se cierra en banda, y con su madre pasa igual.

B:  Es lo que tiene ser un padre autoritario. Tiene ventajas, pero llegada cierta edad…

J:   Vamos a pensarlo. Tantearé a la niña, pero necesito saber que tú…

B:  Nunca digo que no a un encargo, pero no creas que me voy a dedicar a interrogarla.

J:   Que no, que no. Solo es que… cuando veo lo guarras que se están volviendo sus amigas, ya desde tan niñas, me da miedo ¿sabes? Cuando veo lo estúpidos que son los chicos a esta edad, la cultura del idiotismo sexualizado de la que se rodea hoy la juventud… Pienso que tener a un amigo adulto y sensato que de verdad la quiera, que mire por ella, que la aconseje y que la guíe puede ser lo mejor que le puede pasar ahora mismo. Tú nunca intentarías aprovecharte de ella como lo haría cualquier otro.

 

Esa alusión a su honorabilidad hace que Bruno se suba los pantalones y cierre la ventana pausada de “AinaraEnTuCara”.

 

B:  ¿Desde cuándo me tienes por un adulto sensato?

J:   Una cosa es que tu modo de vida me parezca… alternativo, y otra que no lo respete.

B:  Si se trata de ayudar a tu hija, sabes que estaré ahí sin que tengas que pagarme.

J:   Claro que sí. Sé que Ainara siempre podrá contar con su tío molón.

B:  Entonces, ya me irás contando como responde ella a tus sugerencias.

J:   Gracias Bruno. Sé que a veces no me expreso de la mejor manera, pero tú me entiendes. Mamá se alegraría de ver que nos llevamos bien. Hasta pronto.

B:  Nos vemos.

 

Mi hermano siempre apela a mamá cuando quiere darle vigencia a nuestro parentesco. La usa para legitimar cualquier petición que se haga en nombre de la familia. Había olvidado la perversión que esconde siempre su lenguaje

Esa conversación fraternal ha extinguido la libido incestuosa que, hace tan solo unos minutos, estaba ardiendo con furia en sus entrañas. Bruno siente vergüenza al contemplar el papel mojado que ha caído sobre la moqueta, al lado de su escritorio.

Mientras se limpia bien, en el lavabo, no deja de reflexionar acerca de la oferta de Justo. Mirándose frente al espejo, piensa en los números rojos de su cuenta bancaria, en las facturas pendientes, en el enfado que arrastra su casero, en la austeridad que somete su tren de vida desde hace demasiado tiempo.

No quiero entrar en el juego de mi hermano, estas cosas nunca acaban bien. Disgustos, decepciones, confianzas traicionadas…

 

Lunes 24 abril

 

JUDITH:   ¿Qué cojones hacemos aquí Ainara? ¿Me lo vas a decir?

AINARA:  Solo estamos mirando fotos. ¿Tan raro te parece?

SEBAS:     No había estado en una exposición en mi puta vida.

AINARA:  Pues ya va siendo hora de que te culturices un poco niño.

JUDITH:   ¿Dónde está Gisela?

AINARA:  En la sala de al lado. Hay fotos de otros autores.

SEBAS:     ¿No os sentís como alienígenas? Aquí no hay nadie por debajo de los treinta.

AINARA:  Si quieres, espéranos fuera, en el parque de columpios, con los demás niños.

SEBAS:     jAJajAjah… me parto contigo.

 

El chico ha usado voz de lelo para ironizar sobre el incisivo humor de su amiga. Su tono desproporcionado ha irrumpido en la sala llamando la atención de los discretos asistentes. Todo el mundo le mira por unos momentos. Nadie entiende que hace un niñato como ese, con la gorra del revés, ropa rasgada y un monopatín colgando de su mano, en esa sala de exposiciones tan elegante. Sebas se percata de esa anomalía y, de un modo desafiante, deja caer su estridente medio de transporte.

 

-Yo me abro… !Aquí os quedáis pringadas!-   con desprecio.

 

Eempieza a deslizarse ruidosamente sobre el parqué, clavándole la mirada a todo aquel que lo mira con indignación. Gisela, a medio camino de su regreso, se cruza con él pero, a pesar de mirarse a los ojos, no median palabra.

 

GISELA:  ¿Qué le pasa a ese? Lo he visto muy mosqueado.

JUDITH:  Nada. Que no tiene sentido del humor.

BRUNO:  Ainara… … ¿Qué estás haciendo aquí?

 

El protagonista de la exposición hace acto de presencia sin salir de su asombro. Habla susurrando, como todos los presentes, así que son sus gestos los encargados de articular su sorpresa.

 

A:  Nada, aquí. Echando un ojo a tus fotos.

B:  Pero… ¿Acaso te interesa el mundo de la fotografía?

A:  No lo sé… … Mi padre me contó que exponías aquí y me mordió el gusanillo curioso.

B:  Hola, soy Bruno. El tío de Ainara.

 

Esa presentación desata el nudo desconcertado de la cara de Gisela y de Judith. Bruno ni siquiera inicia la protocolaria maniobra besucona que suele acompañar esa clase de saludos.

 

AINARA:  Están… … yo diría… … diría que son buenas. ¿Triunfas mucho?

BRUNO:   No, no. Me surgió la oportunidad de exponer aquí, aunque, de todos modos…

JUDITH:   Pero… … ¿Esto da dinero?

BRUNO:   No se trata de vender. La verdad: creo que tiene más éxito el de la otra sala.

GISELA:    Pues a mí me gustan más las tuyas. Él otro hace fotos que dan repelús.

BRUNO:   Tiene un estilo más provocador, eso sí. Llama más la atención.

AINARA:  Las tuyas son más elegantes y glamurosas. Eso es lo que estoy buscando.

 

 

Justo llega tarde a casa, como de costumbre. Edurne hace poco que ha regresado del restaurante. Su trabajo de gerente tampoco le deja mucho tiempo libre para ejercer su faceta más casera. En la cocina, ambos focalizan el interés en la nevera.

 

E:  !Qué bien! Renata ha hecho la compra.

J:   No he comido nada en todo el día.

E:  No puedes seguir así cariño. Se te reproducirá la úlcera.

J:   Me preocupa más que se me siga cayendo el pelo. Cada vez que me ducho…

E:  Sí al menos estuvieras consiguiendo una figura más… esbelta…

J:   Eres como un cálido abrazo mujer. ¿Esa es tu manera de consolarme?

E:  ¿Qué es lo que ha pasado ahora?

J:   Los chinos; nos tienen cogidos por los huevos. No hay manera de negociar con ellos. No atienden a razones. Tienen la paella por el mango y no bajan del burro. Es difícil competir contra un país que tiene a sus propios habitantes a su merced.

 

El trabajo en las capas más altas de las grandes empresas del sector automovilístico está sometido a grandes presiones. Edurne no tiene una profesión tan lucrativa, aunque tampoco se queda corta. Le gusta lo que hace, pero necesita ser muy autoritaria y eso le provoca un gran desgaste diario. Camareros, cocineros, proveedores, limpieza, clientes… No es tarea fácil el trato con tan variado elenco de actores.

Mientras ella cocina, su marido se desahoga sin dejar de andar de un lado a otro, como si su esposa no tuviera problemas que merecieran ser escuchados.

 

Viernes 28 abril

    

Bruno mira el reloj. No esperaba demasiada puntualidad por parte de su sobrina, por eso la ha citado con cierta antelación. Quiere aprovechar la hora mágica del atardecer. De todos modos, ha traído unos reflectores para asegurar el tiro.

Está apoyado en un banco de madera, cerca de la entrada del parque Lázaro. Ese lugar es el pulmón de Fuerte Castillo. Con un gran lago en el centro, está habitado por una exuberante vegetación que nada tiene que envidiar a los bosques de las montañas que rodean la ciudad.

En realidad, hoy será solo una toma de contacto. Bruno ni siquiera tiene intención de cobrar las fotos resultantes si el proyecto no tira adelante. Ainara no deja de ser una cría caprichosa. No es seguro que quiera ficharlo definitivamente. Él tampoco lo ve claro. Son demasiadas las implicaciones que conlleva aceptar ese encargo fotográfico:

Está el afán de mi hermano para que investigue a su hija, la inmadurez de Ainara en cuanto a criterio y motivación, mi nula experiencia como fotógrafo de Instagram… Pero, sobre todo, está mi palpitante deseo pedófilo

Finalmente, a lo lejos, aparecen las dos chicas con cierta prisa y aires sonrientes. Cruzan la calle corriendo y gritando, escandalosamente, al ver que un coche casi las atropella. Los bocinazos, cortos y reiterativos, no son coléricos, más bien parecen querer llamar la atención de unas niñas tan hermosas.

 

GISELA:   !Ya estamos aquí!

AINARA:  Ufffh. No te lo vas a creer. Resulta que Judith no se acordaba de que hoy…

 

Bruno    escucha, atentamente, una historia que resultaría de lo más aburrida si la contara cualquier persona de mediana edad, pero, en boca de su sobrina, esos insulsos detalles se disfrazan de diversión luminiscente. Cuando todavía no ha terminado su delirante relato, la chica se ve interrumpida:

 

BRUNO:   Creo que ya sé porque tienes tantos fans en las redes.

AINARA:  ¿A sí? ¿Por qué?

BRUNO:   Es… … encanto personal. No sé si podré captar esto en las fotos.

AINARA:  ¿Estás diciendo que soy… … encantadora?

GISELA:    Eres una encantadora de serpientes tía.

BRUNO:   Cuando yo era pequeño, conté un chiste muy bueno en clase.

AINARA:  ¿Tú contando chistes? No te imagino. Ni siquiera puedo imaginarte de niño.

BRUNO:   Cállate y escucha, Ainara. Que eres como una cotorra.

AINARA:  ¡Oye!… … bueno, cuenta. ¿Qué es lo que pasó con tu chiste?

BRUNO:   Que nadie se rio. Pero cuando digo nadie es nadie. Silencio total.

GISELA:    Si todavía te acuerdas es que te debió traumatizar mazo ¿no?

BRUNO:   Yo era muy tímido. Pero me atreví porque el gracioso de la clase acababa de contar uno que era malísimo y todos se rieron a carcajadas.

AINARA:  Oh. Pobre Brunito. ¿Y desde aquel día nunca has vuelto a contar un chiste?

BRUNO:   Aquel día comprendí que no importa lo que digas, sino cómo lo digas.

AINARA:  ¿Por qué recuerdas, ahora, algo que ocurrió mucho antes de que yo naciera?

GISELA:    Tía… … Te está diciendo que tu historia sobre Judith apesta.

BRUNO:   Noo. Te estoy diciendo que si la contara cualquier otro apestaría.

AINARA:  Bueno… ¿Gracias?… … No sé si eso es bueno o es malo.

BRUNO:   Es bueno tonta. Un día harás una entrevista de trabajo y te cogerán, aunque no lo merezcas. Si te enfrentas a un juicio, tendrás al jurado en el bolsillo.

 

Ainara y Gisela se miran la una a la otra. No están muy de acuerdo con la tesis que expone su interlocutor.

 

AINARA:  Eso es porque estoy muy buena. No me vengas con… … ¿Cómo se llama?

GISELA:    Eufemismos ¿no? Se dice eufemismos, Ainara.

AINARA:  Sí. Será eso. Cómo se nota que eres la empollona de la clase.

BRUNO:   No son eufemismos; claro que eres guapa, pero hay muchas chicas guapas.

AINARA:  No tanto. No son tan buenorras como yo. ¿Es que no me has visto?

BRUNO:   No tienen tantos fans porque no son tan graciosas como tú.

AINARA:  Y porque no bailan tan bien.

GISELA:    Y porque no son tan zorras tía.

 

Gisela se ha bajado las gafas casi hasta la punta de la nariz para realizar su objetivo apunte con tono neutral. Ainara ha tomado una buena bocanada de indignación frente a esta injuria.

 

AINARA:  ¿Qué dices perra? Hay mucho putón circulando por la red.

BRUNO:   A ver. No degrademos la conversación.

AINARA:  Ha sido ella.

BRUNO:   Yo creo que la gente se fija en ti por lo sexys que son tus bailes, se enamoran con tus conversaciones en directo, y te siguen en los otros sitios simplemente porque quieren más de ti. Ansían todo lo que puedan encontrar sobre ti.

AINARA:  … … … Parece que hables de ti mismo.

 

Bruno enmudece. No es capaz de atinar con una de las mil reacciones que le darían mejor cobertura a esa pillada.

 

GISELA:    Pero ¿qué dices, Ainara? ¿Cómo le sueltas esto a tu tío? Eres una enferma.

AINARA:  Yo solo digo lo que parece. No lo que es.

BRUNO:   Lo que tú digas. Yo solo quería argumentar mi teoría sobre tu fama.

AINARA:  No, a ver. No te enfades. Puede ser que tengas razón, en parte. Pero si yo no estuviera de mortimer, a nadie le interesaría ver mis videos.

GISELA:    !Cómo eres, Ainara! Cualquiera se sentiría alagada porque le dijeran que no es solo una cara bonita. ¿Es que quieres ser solo una tía buena? ¿No quieres tener algo más?

 

La chica no contesta y se queda absorta, con la mirada perdida. Cuando quiere darse cuenta, ya se ha quedado sola.

 

AINARA:  ¿Esperarme no? ¿Es qué vais a empezar sin mí?

BRUNO:   Vamos a un sitio donde hice una sesión de novios una vez.

AINARA:  Vale. Pero no quiero parecer cursi ¿eh?

BRUNO:   Creo que tu ropa se va a ocupar de eso. ¿Te ha visto tu padre hoy?

AINARA:  No que va. Él no me dejaría vestir así.

BRUNO:   ¿Tienes idea de lo que pasará cuando descubra tu doble vida en la red?

AINARA:  Será mi final. Con un poco de suerte podré huir hasta la frontera de México.

BRUNO:   Eso sería si vivieras en Estados Unidos. Muchas películas has visto tú.

GISELA:    Pues tía. Se va a enterar. No puedes ser famosa y anónima al mismo tiempo.

AINARA:  Soy famosa solo en las redes. Mis padres no están en ninguna.

BRUNO:   Y si esos fans hubieran aparecido cuando ibas con tus padres y no conmigo.

AINARA:  Mi padre los fulmina con la mirada. Es como un espantafans.

GISELA:    Qué miedo. Parece mentira que un ser tan serio te haya engendrado a ti.

AINARA:  A ver, Gisela. El tuyo tampoco es que sea el alma de la fiesta.

GISELA:    Ya, pero es que el tuyo… Joh… … No quisiera ser su empleada.

 

No dejan de hablar mientras andan ya por la orilla del lago, sobre el césped. Se acercan a unos árboles exóticos, muy inclinados, de esos que mojan su copa en el agua. Gisela ha cargado con los reflectores y así Bruno solo tiene que llevar sus dos cámaras y el trípode. Ainara anda más deprisa para tomarles la delantera. No puede ser que la reina camine por detrás de su séquito. Bruno se muerde el labio inferior al contemplar esas sublimes nalgas adolescentes, basculando tan cerca de él a medida que intentan escapar del amparo de esos diminutos y permisivos shorts tejanos.

Esto va a ser duro. Una cosa es mirarla a través de la pantalla, pero verla en el mundo real tiene un plus de certeza que intensifica la lascivia de mis ojos

 

-¿Es aquí?-   pregunta Ainara dándose la vuelta.

-Aquí es-   responde Bruno tras un profundo suspiro.

-Es un sitio muy bonito-   dice Gisela   -Y no hay demasiada gente-

-Si vinieras un domingo al mediodía te sorprenderías-   apunta Bruno.

 

Ainara no espera a recibir instrucciones. Es demasiado proactiva. No ha tardado en ver el potencial que tiene ese tronco tan inclinado que en algún punto de su trayectoria llega a ser completamente horizontal. Empieza a ensayar poses.

 

AINARA:  Yo soy más bien urbana, pero, por una vez, haré caso de tu criterio.

BRUNO:   Ya haremos más fotos por la ciudad. Pero, ya que tú siempre eres la misma, mejor cambiar la ubicación ¿no? No te harás fotos siempre delante de grafitis.

 

Bruno dirige la vista hacia su fiel aliado solar. Hoy parece estar de su parte, aunque todavía faltan unos minutos para que las nubes del horizonte se tiñan de esos colores que tanto le gustan.

 

AINARA:  No te fijes tanto en el entorno. Lo importante soy yo.

BRUNO:   Tú ya eres perfecta, Ainara, solo espero a que el paisaje se ponga a tu altura.

 

Ese piropo la pilla desprevenida. Está acostumbrada a que miles de ciberbabosos comenten lo buena que está: de un modo demasiado grosero o demasiado edulcorado; o que los chicos que hay en su vida le hagan la pelota con intenciones o esperanzas de dudosa virtud; pero su tío está en otra onda. Él es reservado, prudente y no suele bromear. Ha sido tan espontaneo que no cabe duda de su sinceridad. Gisela también se ha dado cuenta y las dos se miran con una complicidad sorprendida.

Bruno disimula se mantiene ocupado con el trípode y con los encuadres. Intenta mostrarse inmune a ese embarazoso silencio:

Pero ¿qué acabo de decir? A ver si me corto un poco. Con la pillada de antes ya van dos veces

 

AINARA:  Papá dice que empezaste la carrera de publicidad… … ¿Por qué lo dejaste?

BRUNO:   Me di cuenta de cuál era la verdad fundamental del mundo publicitario.

GISELA:    Yo quiero ser publicista. Es algo creativo. Ilumíname con esa verdad.

BRUNO:   “La gente feliz no necesita nada” Si quieres ser una buena publicista tendrás que encontrar el modo de que las personas se sientan tristes y acomplejadas. Necesitas que sientan la obligación de compensar sus carencias con cosas.

GISELA:    !Ala! ¿Pero de qué vas? Te acabas de cargar mi sueño de un plumazo.

 

Ya en pleno posado, Ainara rompe una carcajada al ver cómo la lista de su amiga se desmorona. Bruno, siempre atento, consigue captar esos destellos deslumbrantes que emanan de su sobrina sin que ella se dé cuenta. Nada le gusta más que fotografiar a quien no se sabe fotografiado.

 

AINARA:  Toma alegría pa tu body.

GISELA:    Tú te callas petarda. ¿Cómo te sentaría si te cerraran todos tus canales?

AINARA:  Mi estrellato ya es una realidad. Lo tuyo solo era un sueño sin empezar.

BRUNO:   Hay mil sueños que podréis realizar las dos a lo largo de vuestras vidas.

GISELA:    Sí. Sobre todo, ella. El mundo no caerá a mis pies tan fácilmente.

BRUNO:   Puede que sea mejor así. Ya puedes cambiar la pose, Ainara. Ya te he tengo.

AINARA:  ¿En serio? ¿Ya me estás sacando fotos?

BRUNO:   Claro. Tú no estés pendiente del objetivo.

 

Ainara expresa una sorpresa que mezcla ofensa y satisfacción. Le gusta tener el control, pero sabe que puede haber quedado más natural sin mirar el objetivo con la intención de ser divina.

 

GISELA:    ¿Por qué crees que es mejor que el mundo no caiga a mis pies fácilmente?

BRUNO:   Un buen carácter no se forja con una vida regalada. La lucha y la superación son lo que talla una personalidad valiosa, humilde, fuerte, capaz… empática…

AINARA:  ¿Me estás llamando barata, creída y… … ¿Qué más has dicho?

BRUNO:   ¿Qué dices? Solo te aviso del peligro que corres. Acabáis de dejar la infancia.

GISELA:    Pero ya tenemos una personalidad propia. Ainara es diferente a mí.

BRUNO:   Hasta un bebé tienen personalidad. Pero te aseguro que dentro de diez años…

 

-Yo no quiero cambiar-   dice Ainara amedrentara   -No quiero ser aburrida-

-Cambiar no es ir a peor-   contesta Bruno   -Puedes enriquecerte y adquirir cualidades-

-!En serio! ¿Me estás sacando fotos ahora?-   sin entender ese modo de trabajo.

-Ainara, cuando empecé fotografía no se usaban cámaras digitales, pero ahora…-

-¿Es que no se habían inventado?-   pregunta Gisela.

-Claro que sí, pero eran carísimas y no tenían, ni por asomo, la calidad que tienen hoy-

-!Juas!-   exclama la chica   -Yo pensaba… … ¿Y revelabais en esas habitaciones rojas?-

-!Tío!-   se ríe Ainara   -De verdad que eres prehistórico. Hasta vistes en blanco y negro-

-Puedo hacerte mil y una fotos y eso no supondrá un gasto extra, así que no te quejes-

 

Ainara se baja del tronco y adopta una nueva pose todavía más sugerente. Medio de espaldas, se remanga un poco sus cortísimos shorts para darle aún más vigencia a sus opulentas nalgas. El modo en que se aparta el pelo, la manera tan coqueta de sacar su húmeda lengua, sus largas pestañas abanicando esa melosa mirada de miel, ese inesperado guiño… A Bruno le duele el corazón y le cuesta respirar.

 

BRUNO:   Será difícil que capte ese guiño si no me avisas antes.

AINARA:  No… … Ese guiño era para ti, no para la foto.

 

Bruno se derrite por momentos. El tono insinuante de Ainara desafía la normalidad de esa escena. Su complicidad trasciende, pícaramente, más allá de la actividad fotográfica y la conversación se va vistiendo con un interés sutilmente sugerente que se disfraza con preguntas inocentes que se remontan muchos años atrás.

 

AINARA:  También fuiste reportero de guerra ¿no? Qué machote. ¿Por qué dejaste eso?

BRUNO:   Me salpicó la metralla de una explosión y me acobardé. Mira tú que machote.

AINARA:  ¿En serio me lo estás contando?

BRUNO:   Tengo todavía las cicatrices en el torso. Un día te las enseño.

AINARA:  ¿Qué tal ahora?

 

Bruno echa un rápido vistazo a Gisela antes de mirar a su entorno. No hay mucha gente, pero es evidente que no están solos. Regresando la mirada a su sobrina, hace un gesto elocuente para constatar que no es el sitio ni el lugar.

 

BRUNO:   Mejor luego… … … Gisela, sujeta el reflector y ponte a la izquierda de Ainara.

AINARA:  Venga plebeya, sirve a tu reina. Haz algo útil para variar.

BRUNO:   No, si tu tío tiene razón. La fama te está afectando, Ainara. Vas a peor.

 

Gisela obedece a regañadientes, pronunciando sus jocosas quejas de mendiga desdichada. Intenta alumbrar a su amiga.

 

-Si tu padre ve estas fotos me degolla… … sin anestesia-

 

Bruno hace alusión a la peculiar chanza que usó Ainara el pasado domingo, después de la comida familiar.

 

AINARA:  Estas no se las enseñaremos. Las guardas en otra carpeta solo para mí.

BRUNO:   No creas que me gusta que publiques esto… … No me siento cómodo, pero…

 

El material que tiene colgado la chica ya es muy explícito. Lo que están haciendo hoy no agravará el problema, solo le dará un poco más de elegancia. Bruno ya asumió, hace unos días, que no tenía la autoridad para censurar a su sobrina. Decidió jugar a dos bandas y cobrar de las dos partes. Ainara lo sabe, fue ella quien insistió en que su tío aceptara el trato que le ofrecía Justo poniendo de su propio bolsillo. Lo que no conoce ella es el contenido de esa previa conversación telefónica.

Aunque no tiene ninguna intención de ejercer de espía, como pretende su hermano, Bruno se siente en deuda con él. No en vano, después de esas desenfrenadas pajas dominicales, empezó a compartir su preocupación por Ainara; no por un supuesto novio mayor, ni por unas hipotéticas actividades delictivas, sino por su sobreexposición mediática.

Había llegado a querer mucho a esa niña, años atrás, cuando solían compartir juegos y meriendas. Era lo más parecido a una hija que nunca llegará a tener. Se distanciaron cuando él se fue a trabajar al extranjero, pero ahora que se han reencontrado… No logra encajarla en el mismo sitio que un día ocupó.

 

-¿Y qué opina tu novio acerca de que seas famosa?-    minetas enfoca una nueva pose.

-Uffff-   responde Ainara tras una honda inspiración   -No me hables de él-

 

Bruno se siente algo herido al constatar la certeza de sus sospechas. Era de esperar que su sobrina no estuviera soltera. A pesar de su temprana edad, no es ningún secreto que, hoy en día, la juventud es mucho más precoz que en su época.

 

AINARA:  Es un DramaQueen.

GISELA:    Sería un DramaKing.

AINARA:  Naaah. Es una reinona celosa. Un hombre de verdad no se portaría así.

GISELA:    A ver, tía. Yo le entiendo. A mí tampoco me molaría.

AINARA:  Tiene que aceptarme cómo soy. A todas las famosas nos pasa.

GISELA:    No todas las famosas triunfan poniendo cachondos a los tíos, Ainara.

AINARA:  Ai niña. Qué poco refinada que eres. No hables así de mi arte.

GISELA:    ¿Me tomas el pelo? ¿A caso no es eso lo que haces?

AINARA:  ¿Acaso dirías eso de una modelo de pasarela? Ellas triunfan por ser guapas, no por tener un master y un postgrado. Lo único que saben hacer es caminar serias y casi desnudas. Como las mises, esas ni siquiera saben hablar. Sino mira en YouTube cuando les preguntan algo. Lo mío tiene mucho más mérito. Es lo que decía Bruno. Tengo un don especial. Una gracia encantadora.

GISELA:    Lo que tú digas. Pero yo entiendo a Joel. Puede que yo también sea insegura.

AINARA:  A él lo que le molesta es que cuando empezamos a salir tenía más seguidores que yo, y ahora no me llega ni a la suela de mis zapatos.

BRUNO:   Pero ¿De quién estáis hablando?

GISELA:    El novio de Ainara… o exnovio, depende de la hora que sea… … Él tiene un canal también, y muchos seguidores.

AINARA:  Bueno muchos…

GISELA:    A ti te parecían muchos cuando empezasteis y ahora tiene muchos más.

AINARA:  Pues eso: Joel es YouTuber y no soporta que yo le pase la mano por la cara.

BRUNO:   ¿Y… … él también… … baila?

AINARA:  !NoOh! !Por favor! Los tíos no hacen eso… … Le bloquearía de por vida.

GISELA:    Solo habla: videojuegos, música, deportes… hasta se atreve con la política.

 

Bruno no para de cambiar su ubicación a mientras se dilata la charla. Captura las poses de su sobrina desde todos los ángulos.

 

AINARA:  En realidad no tiene idea de nada. Es un bocazas.

BRUNO:   Caramba… … Sí que quieres a tu media naranja.

AINARA:  Ahah. ¿Mi media qué? No, no… … No se… … Siempre estamos mal.

GISELA:    En realidad es un poco machista. Cuéntaselo, Ainara.

AINARA:  No, no. Paso. Solo te diré que intenta… … gobernarme y no puede.

 

Ainara sigue hablando, despreocupadamente, aliena al efecto que provocan sus descaradas poses y su escaso ropaje sobre ese atormentado fotógrafo. Sus sensuales miradas causan estragos en la entereza de su tío. A Bruno le cuesta asimilar que esos sugestivos gestos vayan dedicados, íntegramente, al objetivo de la cámara y no a su persona, como ese guiño de antes.

Todavía de rodillas, no se puede levantar. Una portentosa erección le tiene sometido. Finge que mira las fotos en la pantalla, pero en realidad está intentando disipar su calentura:

Debería de haberme puesto esos slips apretados que nunca me pongo; !Los dos a la vez! No ha sido buena idea llevar mis bóxers holgados de siempre. Si me pongo en pie ahora, no serán mis cámaras las únicas que señalen a mi sobrina. Jodeeer. La tengo tan dura que me duele

    Un tanto distraída, Ainara le cuenta lo mucho que se pelea con su novio, los violentos piques celosos que tiene él con todos los chicos que hablan o intentan hablar con ella. Sus incontables incongruencias…

Gisela se ha cansado de sostener ese reflector circular y plateado y, viendo la inactividad de Bruno, relaja su postura. Ya hace un rato que el sol no calienta demasiado y tiene algo de frio.

 

BRUNO:   ¿Cómo lo haces, Ainara?

AINARA:  ¿El qué?

BRUNO:   Posar así. Sin casi pensarlo. ¿Es que te pasas la vida frente al espejo?

GISELA:    Ahí la has pillado. No has conocido en tu vida una chica tan presumida.

AINARA:  ¿Pero qué dices, Gisela?… … Bueno… … Puede que tengas razón, Ja, ja, jah.

BRUNO:   Acostumbraba a trabajar con modelos, cuando hacía books, pero es que tú…

GISELA:    Waah, Bruno… … ¿Hay algo que no hayas hecho en tu vida con la cámara?

AINARA:  !Qué va! Si hasta hizo de paparazzi. Me lo contó mi padre.

GISELA:    A ver a ver: publicidad, reportero de guerra, paparazzi, books, bodas…

BRUNO:   Prensa deportiva, bautizos y comuniones, documentales de la naturaleza…

AINARA:  Tú sí que deberías de hablar de tu vida en YouTube. No el fantasma de Joel.

BRUNO:   No. No creo que a nadie le pareciera demasiado interesante yo, o mi vida.

AINARA:  A mí me lo pareces. Me pareces mucho más interesante que mi novio.

 

Un silencio incisivo hace acto de presencia sobre el césped, arrastrado por una suave brisa que causa un escalofrío en Gisela. Ainara baja la mirada fingiendo vergüenza, pero, en realidad, disfruta al sentir la trascendencia que le da ese mutismo a su última afirmación. No dice nada para mil ideas tendenciosas tengan tiempo de brotar de ella.

 

BRUNO:   Yo no… … Yo no tengo buena oratoria. No podría ser… … presentador o…

GISELA:    Hablas flojo y lento. Pero no es… … eso es agradable.

BRUNO:   Hablo lento porque si hablo más rápido tartamudeo.

AINARA:  ¿En serio? Eso sí que no lo sabía.

BRUNO:   Y nunca me escucharas gritando porque nunca, nunca me enfado.

 

Sábado 29 abril

 

En la plaza Uno de Octubre, los chavales pasan el rato jugando a futbol, dando vueltas sobre las ruedas de sus monopatines, bicis y patinetes o charlando en las gradas. Son las seis de la tarde cuando aparece Joel. Con sus andares molones, se aproxima a Sebas y a Hugo. Los dos amigos están comiendo pipas, sentados con pose pasota y mirando el panorama.

 

JOEL:    Eh, tíos. Habéis visto a Ainara

HUGO:  Está castigada bro. Como siempre.

JOEL:    Ya le vale a esa niña.

SEBAS:  Sí. Si su padre supiera lo que hace en casa no la castigaría tanto.

JOEL:    Más de una vez me han entrado ganas de decírselo.

SEBAS:  Si llegara a saberse que por tu culpa la borran de internet…

HUGO:  Miles de fans vendrían a por ti. Una muchedumbre enfurecida con antorchas.

SEBAS:  Jahaha. Sí. A lo medieval. Te churruscarían en una hoguera.

JOEL:    Al menos mi novia dejaría de zorrear en la red como un putón.

HUGO:  Ah. ¿Es que volvéis a estar juntos?

 

Joel no responde. Solo le endosa una mirada muy seria y un gesto casi imperceptible de despedida. Una vez ya se ha ido:

 

HUGO:  Yo flipo con este tío. Si yo fuera él besaría el suelo que pisa Ainara.

SEBAS:  Puede que por eso ella nunca se rebaje a estar contigo.

HUGO:  Anda que no me he hecho pajas mirándola. No me dirás que tú no.

 

domingo 30 abril

       

Con la vista fijada en la encimera, Bruno tiene la cabeza en otro sitio. No piensa en lo que está haciendo y, llegados a cierto punto, el piloto automático pierde la inercia.

No. En serio. Tengo que dejar de pensar en esa niña. !Se trata de Ainara! No debería de haber acudido a ese reencuentro familiar. Pero ¿Cómo iba yo a saber que…?

Tras certificar la limpieza impoluta de esa pequeña cocina, se encamina a su escritorio y se sienta frente al ordenador. Se ha pasado demasiado tiempo trabajando en las fotos del viernes: en el Parque Lázaro, y también en las de la sesión de ayer: en las vías del tren y junto a ese vagón abandonado. Se resiste a mirarlas de nuevo pero, tras unos instantes de lucha, termina por abrir el editor. Contraste, colores, efectos… es la historia de nunca acabar cuando uno se implica demasiado.

Siempre se puede mejorar todo… … todo menos ella, no puedo imaginar que retoque podría otorgarle mayor belleza

Bruno siente miedo; un pavor comparable al de la mosca atrapada en la red de la araña. Un insecto de fútil voluntad que cuanto más se mueve, más enredado queda.

Nunca pensé que, a mis años, pudiera volver a caer; y mucho menos que serían las garras de una cría las que me atraparían

No se trata solo de la morbosa fiebre incestuosa que le provocó el ciberallazgo del pasado domingo. Eso solo fue un punto de partida. Ha sido la manera de cuajar que han tenido todas las horas que ha pasado junto a ella lo que ha desatado sus embriagadores sentimientos amorosos. Toda esa complicidad:

 

Qué jurásico eres tío. Hoy en día las famosas somos diferentes…

…Tú ya eres perfecta Ainara, solo espero a que el paisaje se ponga a tu altura

No… … Ese guiño era para ti, no para la foto…

… Acostumbraba a trabajar con modelos… pero es que tú…

Me pareces mucho más interesante que mi novio…

 

Su cruel mente dispara esos microrecuerdos, apuntando certeramente en el centro de su corazón; resquebrajando su oxidada coraza de cordura emocional; poniendo patas arriba su disciplina pensante, doblegando la moral de su deseo.

Lo de ayer fue todavía peor. Judith y Gisela tuvieron que marcharse en medio de la sesión matutina. Nada más irse ellas, apareció una atmósfera intangible de mágica intimidad entre los dos. Así lo percibió él por lo menos. El tono era muy distinto al que verbalizaron el domingo pasado, tras romper el hielo, mientras se alejaban del restaurante. Incluso el cometido fotográfico pareció quedar en segundo plano frente a una conversación tan reveladora. Por otra parte, ese solitario y soleado emplazamiento ferroviario en desuso no hacía más que dotar su compañía de una excepcionalidad inolvidable.

Ainara dejó a un lado sus frívolas tonterías infantiles y empezó a interesarse, de un modo más sereno y sincero, por los detalles de la vida pasada, presente y futura de su tío. Sin sus chistosas amigas al lado, la chica se convirtió en un ser distinto: más sosegado y creíble.

Bruno respondió a todas sus preguntas abiertamente y llegó a confesarle secretos que nadie más conoce. Cosas que nunca nadie le ha preguntado jamás. Solo ella:

 

Creo que ya lo tengo

Yo también, pero empiezas tú.

Muy bien, muy bien. El quinto. El quinto… Una vez que perdí una cámara muy cara en marruecos. Simplemente la dejé olvidada un momento y desapareció. Sabes que no tengo el dinero que tiene tu padre. Había trabajado mucho para tenerla y sabía que no podría volver a comprar un aparato como ese. Estuve varios días muy angustiado, y resentido contra quien se la quedó. Estoy seguro que, fuera quien fuese, no tenía idea del valor que tenía y no llegó a darle nunca un buen uso. A saber dónde acabó

Vaya. Qué putada… … creo que… mi quinto es… … cuando mi padre me pego. Fue la primera y la última vez ¿Será que estoy traumatizada? A lo mejor debería ir a un psicólogo. Jaha. No sé… … … Te toca.

El cuarto… creo que… cuando murió mi madre. No estábamos muy unidos, pero… es ella quien me dio la vida y nos acompañó a tu padre y a mí en nuestros primeros años. Creo que a Justo le dolió más. Al fin y al cabo… él era el preferido

Te voy a copiar, pero que conste que ya lo tenía pensado, no sé si en cuarto lugar o en tercero, pero… también lloré mucho cuando murió la yaya.

Qué coincidencia… Pues… luego estaría… la muerte de Mus, mi gato. Fue culpa mía. Desmonté la tapa trasera de la lavadora porque se había salido la correa y me olvidé de volverla a poner. Al día siguiente puse la colada y… cuando estaba centrifugando… Mus metió las narices por ahí… Quedó hecho pedazos… Estuve semanas culpándome, echándole en falta, deprimido

¿Mus? !Me acuerdo! Era blanco, negro y marrón. ¿En serió? Qué pena. Noo.

No. Esa es Croma. Mus fue mi primer gato. Mucho antes. Negro

Fuaah. Es verdad. Croma. Quiero volverla a ver. Ahora me acuerdo. Valevale. Espera. Mi tercero… … Es cuando tú te fuiste a Siria para no volver. Era pequeña per recuerdo que fue muy duro para mí y que lloré mucho. Me sentí traicionada y abandonada. Te odié.

No me lo creo Ainara. Me tomas el pelo. Tú no me querías tanto como eso. Te gustaba quedarte conmigo, pero… … solo era la opción más cómoda y divertida para ti. Te compraba lo que pedías, jugaba contigo todo el rato, te mimaba, pero eso no…

 

La luz del día se ha ido y la pantalla se ha apagado, automáticamente, por la inactividad de su usuario. Ya a oscuras, Bruno sigue absorto en el recuerdo de esa íntima conversación con su sobrina. Recuerda el modo en que se le humedecieron los ojos mientras asentía, con cierta rabia, para contrarrestar las descalificaciones con las que él degradaba a sus amorosos sentimientos infantiles.

Todavía ahora le cuesta creerlo. Ainara era la niña de sus ojos. Recuerda añorarla cuando la perdió, pero ese radical cambio de vida lo llevó muy lejos, a una nueva realidad bélica donde era inevitable relativizarlo todo y cambiar el prisma de su existencia.

 

Puede que no supiera expresarlo. ¿Pero qué quieres? Era una niña. Eso no quiere decir que no te quisiera. En mi casa no es precisamente que se respire amor. No tenía hermano entonces y tampoco tenía muchos amigos. Te quería más que a mis padres. Ellos solo sabían regañar.

Lo siento Ainara. No tenía ni idea. Además, parecías fría y distante el domingo, hasta que no rompimos el hielo. Tengo que confesarte que estaba algo nervioso antes de verte. Y luego, cuando te vi, me quedé a cuadros. Estabas casi irreconocible

Lo que tú digas. Pero todavía no te he perdonado. Te toca. ¿Cuál es tu segundo?

Conocí a una familia en la guerra. Tenían muchos hijos en casa. Vivian en muy malas condiciones, pero se querían. Me hice amigo de el más pequeño. No nos entendíamos fácilmente pero cuando hay voluntad de comunicarse… el idioma no es una barrera definitiva… … Le vi morir, a él y a dos de sus hermanos

Joder. ¿Lo dices en serio o te lo estás inventando para ridiculizar mis dramas? ¿Me estás vacilando?

Que no Ainara. ¿Cómo quieres que te mienta en algo así? Se llamaba Khaled, tenía seis años… … Samir… Mahmoud…

 

Los ojos rojos de Bruno terminaron por convencer a su sobrina de la veracidad de su relato. Un poco humillada por la frivolidad de su segundo peor momento, y tras un profundo suspiro, Ainara se animó a sacarlo a relucir.

 

El año pasado. Cuando corte con mi novio por primera vez. Es una soberana memez ya lo sé. Pero para mí se acababa el mundo en ese momento. Ahora cortamos cada semana, pero… todo es muy diferente. Hemos pasado tantas cosas. Qué absurdo ¿no?

Qué va. No estamos diciendo lo que fue más grave. Sino lo que fue más duro para nosotros. Además: mi primer momento no es tan distinto al tuyo… … Yo tenía veintiún años y me enamoré mucho de una chica. Ni siquiera éramos novios. Solo tuvimos un rollo del cual ella se arrepintió. Fue mi primer amor verdadero. Se enfadó conmigo por mi insistencia. Recuerdo el momento de lucidez en que lo entendí todo. Y el dolor que experimenté

¿Qué es lo que entendiste?

El ridículo tan espantoso que estuve haciendo durante semanas, hablándole de mis sentimientos, suplicando por una oportunidad; lo molesto que debí ser para ella. El instante en que asimilé que nunca sería mínimamente correspondido por su amor fue el más duro de mi vida. La di por perdida, pero pasé tres años sin poder superarlo. Se llamaba, se llama Diana

Tres años. Lo estoy flipando. Y todo esto cuando a mí todavía me faltaban mucho por nacer. Fuaaaah… tela… … El día de reyes Joel me pegó… … … No debería de haberlo guardado para el numero uno… … o sí, no sé. Fue algo tan concentrado. Esos minutos… Lo tengo muy fresco todavía. No se lo he contado a nadie. A nadie. Tú eres el único que lo sabe.

¿Y Gisela? ¿Y Judith? ¿No se lo has dicho a nadie? ¿En serio?

Te digo que no. Y no puedes contarlo. Si lo haces… … te degolló sin anestesia… … Había bebido y… … dijimos cosas… … Le dejé y desde entonces no ha vuelto a pasar. Ni pasará.

 

Un maullido de Croma llama su atención. Como suele hacer, Bruno, le contesta con una réplica parecida. Se levanta a oscuras y se dispone a llenar su cuenco de galletitas gatunas.

Solo yo lo sé. Ainara me cuenta cosas que no cuenta a nadie. Resulta que Justo tenía razón. Al final me he ganado su confianza. ¿Quién lo iba a decir?

En lugar de volver al escritorio, Bruno se deja caer, como si se desmayara, en el sofá negro de piel que suele sustentar sus solitarias noches cinéfilas. Esta vez, mantiene la tele apagada y sigue abstraído, enfocado en esa estrella polar que se empeña en gobernar su rumbo, cada vez de un modo más imperativo.

Lo de Diana me importó más que la muerte de unos niños. Lo de Mus me importó más que el fallecimiento de mi madre. No sé si eso habla muy bien de mí

Teme que esa irreflexiva franqueza haya desmerecido sus valores frente a Ainara. Se sorprende a sí mismo magnificando el valor de la opinión de su sobrina: una simple adolescente precoz.

No nos engañemos: es encantadora pero no tiene demasiadas luces, como corresponde a su edad. ¿Por qué me tiran tanto las niñas tontas?

Un acogedor sueño derrite las espinas de sus preocupaciones a medida que pierde la consciencia. Como era de esperar, sus sueños son monotemáticos. Se siente bien. Demasiado bien. Puede que hayan pasado segundos, minutos o horas cuando la vibración del móvil le despierta. El encontronazo con la realidad sería más atroz si no fuera Ainara quien le escribe desde el otro lado de la línea. Bastan unos pocos caracteres para reparar el desengaño de la extinción de esos sueños tan amorosos.

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Esto ya no tiene freno. Bruno contempla ese descomunal tsunami de dimensiones bíblicas alzándose vertiginosamente ante él. No quiere enamorarse de su sobrina. Sabe que eso no puede acabar bien. Debería hacer las maletas y marcharse a Siria de nuevo. Nada como unas buenas explosiones, muertes reales y amputaciones para abofetear su caprichosa sensibilidad.

Es todavía una niña, tiene novio, es la hija de mi hermano, no tenemos absolutamente nada en común, pero lo más importante, no me quiere de ese modo

A pesar de su inherente coquetería, los emoticonos cariñosos, y sus frases equívocas, Bruno sabe que todo eso no va en serio. Ainara siempre ha tenido carencias afectivas de origen paterno. Ahora que su tío ha vuelto a su vida, ¿Quién mejor para suplir ese déficit? Edurne tampoco es el paradigma de una madre afectuosa. Tiene muy malas pulgas. Puede que su trabajo, en el restaurante, haya afilado su carácter a lo largo de los años.

Tengo que dejar de hacerme pajas pensando en esa niña. Eso no puede ser bueno. Ignorar sus videos indecentes, sus fotos atrevidas… Tengo que apartarme de esos celos… universales; dejar de imaginar cómo serían las cosas si ella me amara. Terminaré el encargo e intentaré distanciarme

Debería de haber tenido esa determinación antes de quedar con su sobrina para mañana, pero la sola idea de anular dicho encuentro se le hace demasiado ardua y dolorosa. Sin la más mínima intención de iluminar su pequeño hogar, Bruno se encamina hacia su cama. Ha perdido el apetito. Solo quiere dormir y volver a soñar con ella… O no. Mejor no.

 

 

EDURNE:  Termínate eso, Ainara. Vamos, no pongas esa cara.

AINARA:   No puedo más mamá. No es bueno que me obligues.

JUSTO:      Que esto no sea para conservar tu figura… … ¿Me oyes niña?

AINARA:   Que sí papá. Que no es por eso.

 

El sutil sonido de los cubiertos se ve eclipsado por la ruidosa película que inunda la sala con explosiones, puñetazos y gritos. Un anacrónico Chuck Norris está repartiendo su justicia vengativa a todo aquel que se la merece. A Julen le cautivan esta clase de cintas. En contra de lo que cabría esperar, parece tranquilizarse al contemplar los ajetreos que se producen tras esa pantalla plana de cincuenta y dos pulgadas.

 

AINARA:   Mañana voy a quedar con el tío Bruno otra vez.

EDURNE:  ¿Es que todavía no habéis terminado con las sesiones?

AINARA:   Están quedando tan bien que he decidido que quiero otra.

JUSTO:      Bueno. El presupuesto que acordamos era cerrado. Así que…

AINARA:   Ya te vale papá. ¿Solo te importa eso?… … No sufras, no me cobrará de más.

EDURNE:  ¿Os lleváis bien no? con Bruno? ¿Habéis recuperado esa amistad que teníais?

AINARA:   No, mama ¿De qué hablas?… … Ahora nos une una amistad muy diferente.

EDURNE:  Bueno, sí. Claro. A eso me refería. Ya sé que ya no tienes ocho años.

JUSTO:      !Julen! !¿Cómo te tengo que decir que no te acerques tanto a la tele?!

AINARA:   Al final tendrán que ponerte gafas, tontaina.

JULEN:      Tonta tú Añara.

 

Lunes 1 mayo

   

Al son de su propia respiración acelerada y cegado por la luz del sol mañanero, Bruno está completando su último sprint. Lleva casi una hora corriendo alrededor del lago, pero siempre intensifica su ritmo en los metros finales. Le gusta esa sensación de leve mareo que experimenta al detener la marcha.

Mientras hace algunos estiramientos, se percata de que un par de mujeres deportistas le miran, pícaramente, a pocos metros. Esas risitas traviesas le hacen plantearse lo oportuno de tomar la iniciativa y dirigirse a ellas. No son exactamente su tipo, pero:

A ver: son jóvenes y no están mal ¿No debería tener tantas dudas? ¿Por qué soy incapaz de hacer lo que procede?

Se acerca, las saluda amablemente, pero pasa de largo sin más dilación. Bruno es tímido, pero más de una vez les ha entrado a desconocidas cuando la atracción era lo suficientemente fuerte. Algo contrariado se recrimina esa pasividad a sí mismo.

¿Todo esto es por Ainara? ¿En serio? Esas mozas… puede que le doblaran la edad, pero siguen siendo bastante más jóvenes que yo

Termina por ser indulgente consigo mismo y aceptar que no tiene porqué obligarse a hacer cosas que no siente. Lleva días muy blando y sensible, no solo cuando piensa en su sobrina. Todo le afecta de manera distinta; con más emotividad.

¿Debe parecerse esto al síndrome premenstrual? Siento como una nostalgia permanente, como si todo tuviera relación con Ainara, aunque no la tenga

 

 

JUDITH:   Puto Faustino. Me va a amargar el trimestre.

AINARA:  Es culpa tuya tía. Es que no das palo al agua.

JUDITH:   Joder Ani: !!Un cuatro!! ¿Cuantos llevo ya? Siempre cuatros.

AINARA:  Pídele a Gisela que te ayude. Ella saca muy buenas notas.

JUDITH:   Al igual. ¿Dónde se ha metido? Nos vamos al Veider ahora. ¿Te vienes?

AINARA:  No. Qué va. He quedado ahora con mi tío. A ver para cuando otra sesión.

JUDITH:   Menudo polvazo tiene Bruno. El otro día me callé porque soy educada.

 

    Ainara abre mucho los ojos y redondea sus labios sorprendida. Extiende sus brazos y niega con la cabeza escandalizada mientras bajan, pausadamente, las escaleras interiores del instituto Juan Berenjena IV.

 

A:  Pero ¿Cómo te atreves a hablar así de mi tío zorra? ¿Tú educada? No me hagas reír.

J:   Soy una puta doncella, para que te enteres; y tu tío está para comérselo.

A:  Podría ser tu padre Judith. ¿No te da vergüenza?

J:   Sí fuera mi papá me portaría mal para que me diera unos azotes en el culete.

A:  Fuaah. No tienes remedio. ¿Qué dirían tus novios si te oyeran?

J:   !Eh! !Gisela! Está que lo peta el tío de Ainara: ¿Sí o No?

 

La chica se da la vuelta estupefacta. No se había percatado de la llegada de sus amigas a la puerta de salida del centro.

 

GISELA:  Bueno… Tiene unos músculos… notables. Es guapo, interesante y muy majo.

JUDITH:  Pero di la verdad: ¿Tú te lo follarías?

 

La más recatada del grupo no quiere pronunciarse al respecto pero, poco a poco, su lenguaje corporal, algo sonrojado y sonriente, termina por certificar una respuesta afirmativa.

 

JUDITH:  !Toma ya! Hasta la virgen de sor Gisela se bajaría las bragas para tu tío.

GISELA:  En serio Judith… ¿A ti que te pasa? ¿Quieres bajar la voz?

 

Gisela intenta que esa conversación se desplace unos metros más allá, para salvaguardar su intimidad frente a las continuas afrentas de su indiscreta e irreverente amiga cosida a piercings. Coge su mochila de Bob Esponja y arrastra a sus contertulias cuesta abajo, siguiendo el muro.

 

AINARA:  No me puedo creer lo que estáis diciendo. Eso es… eso no… !Es familia!

JUDITH:  ¿Es que eso no te da morbo? Suerte que no tengo tíos como el tuyo que si no…

GISELA:   No te hagas la tonta Ainara. Anda que no coqueteabas el viernes.

AINARA:  ¿Qué dices? Solo posaba para las fotos.

GISELA:   Nohnono. No era solo eso.

 

Unos pasos muy vagos, aliñados con las contrariedades de esa apasionada conversación, acompañan a las chicas en su desgobernado rumbo titubeante. Ainara se reafirma.

 

A:  Juaaas. Eran fotos sexys. No coqueteaba con él. ¿Lo dices por lo del guiño?

G:  Por todo. ¿Sabes que se le puso bien dura? Intentaba disimular, pero…

A:  Anda ya. ¿Qué inventas Gisela? Mi tío es un profesional. Está acostumbrado a…

 

Esa replica queda truncada por el avistamiento de Bruno por parte de su sobrina. Se encuentra a unos veinte metros. Estaba distraído con el móvil pero se acaban de ver mutuamente. Antes de efectuar el más mínimo gesto de saludo, Ainara se da la vuelta violentamente y se encara con sus amigas.

 

AINARA:  Os vais.

JUDITH:   Uuuui. Mírala. Que tensa se ha puesto de repente.

GISELA:    ¿Podemos sacar algunas conclusiones de tu actitud, Ainara?

AINARA:  Ninguna conclusión. No quiero que me avergoncéis delante de mi familia.

JUDITH:   ¿Familia? Sí. Ya… … Creo que sería descortés no acercarme a saludar.

AINARA:  Te mato, Judith. En serio.

JUDITH:   ¿Qué te pasa perra? No le voy a dar detalles sobre nuestra apasionante charla.

AINARA:  !Os vais ya!

 

No es una buena idea hacer enfadar a Ainara y Judith lo sabe. Conoce los límites de su amiga y nunca los traspasa. Está claro que tendría todo el derecho de acercarse a Bruno y darle un par de besos reglamentarios pero, ahora mismo, no es un buen momento. Gisela sonríe de un modo condescendiente y agarra a su compinche para encaminarla hacia una dirección distinta.

Bruno se ha percatado del extraño comportamiento de su sobrina. No sabe exactamente lo que se está cociendo ahí, pero está claro que algo escapa de la normalidad. Lo lógico sería hacer caso omiso de estas pamplinas, pero el raciocinio de ese hombre lleva tiempo sin fundamentarse en la lógica ni en la razón. Mientras Ainara se acerca, las otras le saludan riendo de lejos.

 

A:  No les hagas caso… … Son tontas.

B:  ¿Por qué lo dices?

A:  Nada, nada. Cosas nuestras.

 

La conversación se detiene, de un modo expectante, bajo las oxidadas agujas de ese vetusto reloj que marca unas puntuales cinco y cuarto. Una risita huidiza e involuntaria se asoma bajo la nariz de la chica.

 

B:  ¿Qué?

A:  Nada, nada. Que me he acordado de una cosa que ha dicho antes Judith.

B:  Seguro que no es nada bueno. Viniendo de esa petarda…

A:  No. Ya sé que dice muchas palabrotas y que es muy agresiva, pero… es la mejor.

 

Bruno niega con la cabeza, pero se calla antes de contradecirla, prefiere que su gesto parezca genérico y condescendiente.

 

A:  No de verdad. Se lo cuento todo. Es quién mejor me conoce.

B:  Hay una cosa que no le has contado.

A:  Ya… … No sé porque te dije aquello.

B:  Porque confías en mí. ¿Es o no?

A:  Creo que… … sé que tú me escuchas y no me dices lo que tengo que hacer.

B:  ¿Crees que tus amigas se meten demasiado en tu vida?

A:  Sí, sí. Judith es muy mandona. Además, las dos son chismosas. Son buenas, pero…

B:  Ellas conocen a tu novio y a sus amigos. Yo no. ¿A quién se lo podría contar?

 

Esa espontanea reflexión abre la puerta de un secreto que no puede permanecer clausurado por más tiempo. Bruno está decidido a arrancar su relato, pero Ainara le toma la delantera:

 

A:  A mi padre. Jaja.

B:  Tengo que contarte una cosa un tanto… … peliaguda.

A:  Aiaiai… ¿Sobre mi padre?

B:  Sí y no. A ver. Primero tengo que decirte que significó mucho para mí que me contaras lo de tu novio; que confiaras tanto en mí.

A:  Bueno. Estábamos en plena… orgia de confesiones así que…

B:  También quiero que sepas que yo nunca traicionaría tu confianza. Nada de lo que me has contado confidencialmente llegará a los oídos de nadie.

A:  Pero…

B:  Tú padre me pidió que me ganara tu confianza y que averiguara que pasa contigo.

 

La respiración de Ainara se ve condicionada por un susto que desencaja su expresión. Su reacción se debate entre el enfado y el abatimiento. Empieza con un hilo de voz.

 

-¿Y por eso eres mi amigo ahora?-   pregunta con el corazón en un puño.

-Noooh. Pero ¿Qué dices tonta? Éramos amigos hace muchos años-

-!Me cago en la puta! Esa no era yo. Era una niña entonces. Soy una persona distinta-

 

Bruno se ve arrollado por la ira desatada de su sobrina. Puede que no haya elegido bien sus palabras, pero todavía no es tarde para rectificar:

 

B:  !Ainara! Ainara… … Le dije que no. !Que no!. ¿Estamos? Fuiste tú la que…

A:  Porque mi padre me lo sugirió. Me dijo que fuera a ver tu exposición en la sala.

B:  A mí también me habló de tu interés en explotar tu faceta de… de modelo.

A:  !¿Pero cómo es posible?! Confiaba en tiiii.

 

La chica se lleva las manos en la cabeza y rompe su llanto mientras da un paso atrás para alejarse de su tío.

 

-!Ainara! Mírame… … Te quiero… te quiero ¿Vale?-   enfervorizado.

 

A Bruno le sienta muy bien poder decirle eso a la cara por fin pero, antes de que ella lo interprete de una manera demasiado correcta, se ve obligado a desviar el significado de su sincera declaración amorosa con un incisivo matiz:

 

B:  Siempre te he querido. Eres… eres mi persona favorita.

A:  No quiero ese amor… paterno o de hermano mayor.

B:  ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué estoy enamorado de ti?

 

Los puños de ese fotógrafo nunca habían estado tan apretados. Sabe que se está metiendo en un campo de minas. Su impetuosa pregunta ha descolocado a su sobrina por un instante.

 

-Quiero que me trates como a una adulta. De igual a igual-   con rabia contenida.

-¿Por qué te estoy contando esto Ainara? Explícamelo-   abriendo mucho los brazos.

 

Un momento de lucidez, entre tantas emociones enfrentadas, le permite, a la chica, comprender que lo que de verdad suscita su enfado no es nada más que esa pretendida regresión de su estatus al papel de niña pequeña: el equiparamiento que hace Bruno del afecto que siente ahora por ella con el que sentía hace años, la manipulación a la que intenta someterla su padre, el trato que recibe de su madre, el modo en que tiene que rebajarse para tratar con Julen, las vejaciones que le ofrece Joel…

 

-Estoy tan harta-   proclama mientras le da la espalda a su tío.

-¿De qué?-   pronuncia tímidamente con miedo de despertar a la bestia de nuevo.

-De que me tratéis como a una niña. De que la gente se meta en mi vida-

-Tú padre se piensa que sales con un hombre mayor-   susurra.

-¿Qué? ¿Y eso por qué?-   con un tono agudo e incrédulo mientras vuelve a mirarle.

-Porque tienes dinero, mucha ropa… porque no le pides la paga-

-Joder. Por un día que se me olvida pedirla. Vaya tela-   con gestos de negación.

-Él piensa que, si no es eso, será que trapicheas con drogas o con algo ilegal-

 

Ainara le mira fijamente ahora, con una expresión concentrada y neutral. Sus pensamientos empiezan a fluir más sosegados.

 

A:  ¿No le has dicho nada?

B:  Claro que no. ¿Qué necesidad tendría de hablarte de las intenciones de tu padre?

A:  Supongo que, a fin de cuentas, has guardado mis secretos y solo has tardado un poco a confesarme ese asunto tan… turbio.

B:  Llevamos una semana viéndonos y me estás hablando como si estuviéramos casados. Nuestro pasado es un asunto distinto ¿no? Tú misma lo dices.

 

Los ojos llorosos de Ainara se nutren de un reconfortante y profundo suspiro justo antes de inspirar fuertemente por la nariz para que no se le caigan los mocos. Bruno está sorprendido. Su sobrina aparenta ser tan frívola y engreída…

 

B:  Estoy seguro que tus miles de fans no tienen la menor idea de cómo eres.

A:  ¿Y cómo soy?

B:  Distinta… … AinaraEnTuCara es como una diosa invulnerable. No le importa nada.

A:  ¿Una diosa? No te diré que no. Jaja… Bueno, no sé si… En serio…

B:  Solo babean con tu cuerpo. Se sienten atraídos pero… no pueden verte con los ojos con los que te estoy mirando ahora mismo. Lloriqueando por algo así.

A:  ¿Por algo así? ¿Te parece poco que tu propio padre utilice a tu tío para que se haga pasar por tu mejor amigo y te sonsaque las informaciones más íntimas?

B:  ¿Pero de qué hablas? ¿No ha quedado claro eso ya?

A:  Sí. Bueno. No sé. Todo me ha venido de sorpresa. No sé qué pensar.

B:  Ainara, mírame a los ojos. Mírame. ¿De verdad no lo sabes?

 

Una mirada intensa derrite los argumentos de la chica y la intimida sobremanera. Asiente algo avergonzada.

 

B:  ¿Tu mejor amigo? ¿Exageras no? ¿Para darle más dramatismo a la cosa?

A:  Buenoooh. Te hablo de amigos chicos, hombres. No de mis amigas.

B:  No, claro. Las amigas son sagradas. Pero ¿qué hay de Joel?

A:  Lo suyo es… … muy diferente. De ningún modo lo considero amigo. Ni de coña.

B:  ¿No confías en él entonces?

 

Sin emitir sonido alguno y apretando sus labios, Ainara zarandea su cabeza sobreactuadamente a modo de negación.

 

B:  ¿Y Martín? ¿Y Hugo? ¿Y… como era… Sebas?

A:  Joh… ¿Te acuerdas de los nombres de todos los tíos de quien te hablo?

B:  Samuel, Matías…

A:  Joder. Que crack. Ni siquiera recuerdo haberte hablado de ellos.

B:  Puede que sea un don.

A:  ¿Sabes qué pasa? Todo lo que sale de la boca de mis amigos tiene un solo fin: aumentar sus posibilidades de meterme la polla por algún sitio.

B:  ¿No estarás exagerando un poco?

A:  Noooh. Puede que sean más o menos directos, pero…. Siempre me hacen la pelota, buscan la manera de estar a solas conmigo, intentan mejorar la opinión que tengo sobre ellos… Ni te lo imaginas: me mandan fotos sin camiseta, me hablan de lo grande que la tienen y de lo mucho que aguantan, como si eso me importara.

B:  Qué duro es estar tan buena ¿eh?

A:  Uffff. Sí. No lo sabes tú bien. Jaja. No… … pero compensa.

B:  Y que duro que tiene que ser ser amigo tuyo ¿no?

A:  No sé… … Dímelo tú.

B:  Yo me refería a tus amigos del cole.

A:  Ya lo sé. Ya sé que tú eres diferente. Eres un caballero.

B:  ¿Un caballero? ¿Qué quieres decir con eso?

A:  Me tratas con respeto, aunque se te ponga dura conmigo a veces.

B:  ¿Qu. q. Que. Q. Quiers. ¿Quieres decir?

A:  !Anda! Pues es verdad que tartamudeas cuando quieres hablar rápido.

 

Bruno no contesta. Mantiene su rostro pintado de sorpresa.

 

A:  Me lo ha dicho Gisela. Que te empalmaste en la sesión del viernes.

B:  Eso no… no fue muy profesional. El sábado ya tomé medidas.

A:  ¿Te pajeaste antes de verme?

B:  Noooh… … Me puse ropa interior más apretada.

 

De repente, Bruno siente como el suelo se mueve bajo sus pies y cada paso que da resulta más arriesgado que el anterior.

 

-Que no te de vergüenza-   mientras le guiña un ojo   -Este es el efecto que provoco-

-No bueno… es que… en realidad… no… no sé… la verdad es que no…-   bloqueado.

-Me gusta ponerte nervioso. Es divertido-   jugando con una piedra bajo sus pies.

 

Hace ya un buen rato que están en el punto de encuentro.  Esta conversación mantiene el interés del acto sin que ni el uno ni la otra necesiten progresar en su escenografía. Ainara tarda un poco en desatender a esa abrupta pelotita mineral pero, finalmente, levanta la mirada y se atreve a pronunciar su siguiente pregunta. Con un tono infantilizado y pícaro:

 

A:  ¿Te has hecho alguna paja pensando en mí? ¿Mirando mis videos?

B:  ¿Quieres que tartamudee otra vez?

A:  Veo que cuando estás mentalizado conservas la sangre fría. Felicidades.

B:  Gracias señorita.

A:  Pero todavía no has contestado a mi pregunta.

B:  No voy a contestarte Ainara. Eres mi sobrina.

A:  Creo que a tu polla no le importa demasiado eso.

 

Bruno se toca la cabeza desconcertado y mira a su alrededor, como si temiera que alguien les escuchara. En realidad, es solo un intento de huir de la mirada tendenciosa de la niña y de disipar la tensión que acumula esa última frase.

 

-¿Qué pasa? ¿Te vas a poner en plan Judith ahora?-   susurra con urgencia.

-¿Prefieres que sea una niña buena como Gisela?-   en tono de burla.

-Prefiero que seas tú misma Ainara-   algo indignado.

-Ya soy yo misma. Lo que pasa es que tú quisieras que me hubiese quedado con ocho años para siempre ¿no? Ya no soy esa niña a quien abandonaste de pequeña-

 

Un duelo de miradas desafiantes alimenta ese jocoso silencio que finge resentimiento. Bruno necesita sellar su nuevo secreto:

 

B:  No puedes decirle a mi hermano lo que te he contado.

A:  ¿Y si te chantajeo?

B:  Tienes más que perder tú que yo. Piénsalo.

A:  Ah. Claro. Qué mala idea he tenido.

B:  En lugar de enfadarte conmigo, deberías de estarme agradecida.

A:  Que no estoy enfadada contigo tonto. Ha sido la impresión de enterarme de todo.

B:  Ahora mismo soy un agente doble. Tu padre piensa que te espío y en lugar de eso…

A:  Agente Bruno Bruno Siete. Con licencia para fotografiar.

B:  No quiero tener problemas con Justo. El me paga tus sesiones… … en parte.

A:  Te dije que querían algo de ti. Por eso te buscaron.

B:  Tenías razón. Yo no quise creerte, pero… Eres más lista de lo que pareces.

A:  ¿Me estás diciendo que parezco tonta?

 

Martes 2 mayo

 

Con la vista traspasando el cristal de la ventana de su cuarto, en la residencia universitaria, Joel contempla el despejado cielo azul de esta primaveral mañana novillera, desearía echar a volar y alejarse de su cama, del edificio, de todo. Está sufriendo su habitual asco postcoital. No es que Amaya le dé grima ahora; está demasiado buena. Esa desdeñosa incomodidad proviene de su consciencia. Llega con la misión de castigarle por la infidelidad que acaba de perpetrar junto a su compañera de clase.

¿Es que se va a quedar aquí toda la mañana? ¿No tiene ninguna clase a la que asistir?

Unos valores absurdos e incoherentes, junto a un ego frágil y acomplejado, hacen de él un ser abyecto, superficial y rebosante de inmadurez. Hace tiempo que eligió mal sus referentes y eso le desencamina cada día un poco más. Solo le preocupa su fachada. Viste las últimas tendencias con ropa de marca, se mata en el gimnasio, se depila enterito, tunea el coche que le ha comprado el ricachón de su padre… El postureo es un pilar de su vida y acumular seguidores una verdadera adicción.

“Alguien como yo no puede dejarse mangonear por una niña tonta, por muy buena que esté. Soy un top, un auténtico fucker. Tengo dinero, fama, mujeres y estoy que crujo”

Se esfuerza para autoconvencerse de que un verdadero triunfador no lo es si no ejerce como tal, si no exprime todas las facetas de su éxito, aunque para ello tenga que hacer trampas.

Técnicamente hemos roto ¿no? Es ella la que está enfadada. Soy yo quien debería estarlo

Sus rupturas son tan frecuentes que ya se han vuelto efímeras. Las broncas por la desinhibición de Ainara en la red, por las constantes mentiras de Joel, por los celos que proliferan entre ellos, por tantas faltas de respeto, por las pretensiones de él para mandar sobre ella… todos esos asuntos han ido estropeando lo que antaño prometía ser perfecto.

Joel no se siente cómodo pensando en su novia mientras su amante todavía descansa, dándole la espalda, al otro lado de la cama. Intenta cambiar su foco de atención, pero Amaya no le será de gran ayuda. Una música espantosa sale de su móvil.

 

J:   ¿Al final te han comprado el último IPhone? ¿Qué estás mirando?

A:  A tu novia… Menuda guarra está hecha la niña ¿Cómo le dejas enseñar el culo así?

J:   !Quita esto por favor! !No me jodas!

A:  No. En serio. ¿Cómo se lo permites? Esto te humilla delante de tus seguidores.

J:   Hay muchas niñas que hacen esos bailoteos en la red ahora. Está de moda.

A:  ¿Pero cuantos años…? ¿Qué clase de padres pueden permitirle algo así a su hija?

J:   No es para tanto. Hablas como una abuelita.

A:  Tío: !Que acabo de cumplir dieciocho!

 

Amaya sigue indagando en el canal de AinaraEnTuCara, sobresaltándose cada vez más. Le da rabia que una cría tan precoz acapare tanta notoriedad y lo haga con tanta gracia.

 

A:  Joder… Si me estoy poniendo cachonda hasta yo… !Qué putón!

J:   !Te he dicho que lo dejes de una vez! !!Me cago en la puta!!

 

Tras un arrebato demasiado agresivo, Joel le arranca ese móvil intrusivo de las manos y lo tira, despechadamente, encima de la cama deshabitada de Gaby, su compañero de habitación. El tremendo sobresalto de Amaya se atenúa al constatar el acolchado aterrizaje de su dispositivo de última generación.

 

-!Tío! ¿A que me compras uno nuevo?-   le escupe indignada.

-Por dinero no será-   mientras recupera su pose más relajada.

-Serás capullo. No es culpa mía que tu novia sea una zorra-   con desprecio.

-Por lo menos ella es fiel. No como tú, que le pones los cuernos a Gaby conmigo-

-!Qué cara dura! Tú no solo se los pones a ella, sino que traicionas a tu mejor amigo-

-No es mi mejor amigo. Solo es un colega que tiene una novia demasiado fácil-

-¿Pero como eres capaz de decirme esto después de haberme follado?-

-!Enterate! Que yo sea un cerdo no te convierte a ti en mejor persona-

 

Amaya, boquiabierta, no puede creer lo que oye. Son verdades como puños y eso le hiere el orgullo retratando su escaso honor. Se levanta y se viste con prisas. Está realmente enfadada. Joel acaba de degradarla situando su calidad humana muy por debajo de la de esa mocosa exhibicionista; alguien que se dedica a calentar a cientos de miles de tíos en la red, pero que no engaña a nadie y es capaz de amar y respetar a quien ama.

Joel se arrepiente de lo que acaba de decir. Se ha quedado a gusto pero, después de que Amaya le abofetee con ese portazo, sabe que no se la volverá a tirar. ¿O puede que sí?

A las tías les molan los crápulas como yo. En dos días la vuelvo a tener en mi cama rogando como una perra en celo

 

Miercoles 3 mayo

 

Tras salir del ascensor, Bruno anda por un amplio pasillo, de impoluto gris enmoquetado, que lo lleva a través de los grandes cristales que delimitan los cubículos de cada uno de los empleados. Se siente fuera de sitio. Ese no es su ambiente: trajes con corbata, plantas de interior, mármol naranja, climatización… Al final de su recorrido llega a la puerta de madera barnizada que clausura la intimidad del despacho de su hermano. La abre:

 

B:  Hola. Me han dicho abajo que me esperabas… … que pasara.

J:   Sí, sí. Siéntate. Verás: he movido algunos hilos y tengo trabajo para ti.

B:  ¿En serio? ¿Una campaña publicitaria?

J:   Algo así. Se trata de unos panfletos corporativos para nuestros empleados en China.

B:  Bien, bien. ¿Me vas a dar los detalles ahora?

J:   Luego. Primero quiero que me hables de mi hija. ¿Os lleváis bien no? ¿Cómo la ves?

B:  Sí. Tenemos muy buen rollo. El viernes tenemos otra sesión.

J:   Me ha enseñado algunas fotos. Realmente, se te da bien tu trabajo. Son preciosas.

B:  Es una buena modelo. Parece que lo haya sido toda su vida.

 

Justo mantiene un silencio prudente pero expectante. No quiere resultar agresivo esta vez. Golpea rítmicamente, con los dedos, el roble que da forma a su mesa y lanza un leve suspiro.

 

J:   ¿Hay algo de lo que deba preocuparme?

B:  Ya te dije que no espiaría a Ainara. ¿Para esto me has hecho venir?

 

Desde su butaca de piel, Justo intenta disimular su enfado. Sabe que no tiene todos los ases en su mano, pero no desiste:

 

J:   Confío en tu criterio. No hace falta que me digas nada si no hay nada que decir.

B:  ¿A qué te refieres? No me he dedicado a interrogarla.

J:   Sé que si hubiera algo grave que pudiera perjudicarla tomarías medidas.

B:  ¿Grave como qué?

J:   Si pensaras que alguien se está aprovechando de su inocencia, por ejemplo.

B:  Como… ¿un novio mayor?

J:   Lo que sea: drogas, prostitución, engaños amorososexuales…

B:  Eres un poco alarmista. Ainara es una buena chica.

J:   Me han contado que hay redes de… menores que hacen shows por web cam.

B:  No creo que… no me ha contado nada de eso.

J:   ¿Y de chicos? ¿Novios? No la dejo salir por la noche todavía, pero…

B:  Empieza a tener la edad, no podrás retenerla siempre.

J:   ¿De dónde saca el dinero Bruno? Eso es lo que no entiendo.

B:  ¿Se gastaba la paga en ropa sobretodo no? Ahora se la prestan entre ellas.

 

Justo empieza a estar molesto. Su pesquisa familiar no parece dar ningún fruto y le irrita no poder sacar el agua clara.

 

J:   Voy a ingresarte la cuota de tres sesiones, pero eso será todo. ¿Te parece bien?

B:  No hay problema. Gracias por todo. Y si sale ese encargo para los chinos… ya sabes.

J:   Y tú cuida de mi hija. Sé que de verdad la quieres y mirarás por ella como lo haría yo mismo, si tuviera el tiempo y la complicidad que os une a vosotros dos.

B:  Descuida.

 

Jueves 4 mayo

 

Unas pocas lágrimas se derraman por la mejilla de Ainara, pero su rostro se mantiene sereno. Suspira y reflexiona con la mirada clavada en la acera que pisa. Tiene la espalda apoyada en la pared, bajo las arcadas de un edificio próximo a su instituto.

A su lado, Gabriel la mira atentamente. Es un chaval un poco descuidado con su aspecto normalmente, pero hoy se ha puesto sus mejores galas. Se le ve un poco inseguro, no en vano, está acostumbrado a ver a esa chica solo a través de la pantalla.

 

-¿Tienes tiempo todavía?-   le pregunta buscando sus ojos.

-Cinco minutos-   dice en voz baja mientras consulta su móvil.

-Si tú quieres espero a que termines las clases y vamos a tomar algo y lo hablamos-

-No, no. Será mejor que no. Ya me has dicho lo que tenía que saber-   compungida.

-Ya, pero… no es fácil. Ayer… me pasé todo el día en la cama, llorando-

-Yo… … Estoy muy dolida ¿vale? Pero… … también siento cierto alivio. Ahora soy libre-

-Sí. Está muy bien que seas positiva. Yo llevo un cabreo encima… ufff-

-Tú estabas enamorado de Amaya; o estás-   premiándole al fin con sus ojos de miel.

-¿Y vosotros? Sé que siempre os peleabais pero… le querías ¿no?-   con sumo interés.

-Estuve muy, muy enamorada de él al principio, pensaba que me moría de amor-

-¿Entonces?-   sin sacarle el ojo de encima.

-Sé que solo hace… ni un año que salimos, pero… hemos pasado por tanta mierda…-

-Dicen que el amor es como el papel higiénico: se va acabando con cada cagada-

 

Ainara esgrime una ligera sonrisa aun con la cara húmeda.

 

A:  Esa es buena.

G:  Me alegra verte sonreír. Tienes una sonrisa tan bonita…

A:  Escucha: ¿Y tú te has venido de Augusta solo para contarme esto?

G:  Bueno… Mi padre vive aquí, en Fuerte Castillo. Pasaré el finde con él.

A:  Ah. Claro; que hoy es jueves. ¿Los viernes libráis no en la uni?

G:  Tengo algunas horas por la mañana, pero total: llevo dos días sin ir.

A:  Si no puedes estar por lo que hay que estar mejor quedarte en casa.

G:  Sí. Además: mi padre no llega hasta la noche así que tengo la casa para mí solo.

A:  Entonces… ¿Ellos no lo saben? ¿No saben que lo sabes?

G:  No. Y no sé qué hacer. Tengo que seguir compartiendo cuarto con Joel un mes más.

A:  Podrías no decir nada y planear una venganza terrible. Ya pensaré algo.

G:  Uff. Me dan ganas de callarme lo que sé y acostarme con la primera chica que pille; dejar pruebas para que me descubra y ver como se pone en evidencia la muy zorra.

A:  Sí, no es mala idea. Deja un video bien visible en tu móvil; que ella lo vea.

G:  Ya te digo… … … ¿Tú no sientes algo parecido?

 

Gabriel ha conseguido ser bastante sutil hasta ahora, pero su deseo despechado por esa dulce criatura empieza a ser demasiado avaricioso y a amenaza la moderación de esa charla. Ainara hace rato que percibe las intenciones de ese chico.

 

A:  Tengo que irme a clase ya.

G:  ¿Ya?… … Oye. Dame tu número por si hay algo.

A:  No. Adiós. Mejórate.

 

Se despide amablemente, mostrándole su palma, y se va.

 

Viernes 5 mayo

        

Bruno anda un poco perdido por una calle cuesta arriba. La lluvia amenaza a esta tarde nublada de tristes tonos grises. Había visitado la casa de su hermano un par de veces, antes de perder el contacto, pero, ahora mismo, no sabe a ciencia cierta si está bien encaminado. Al doblar la esquina, reconoce un escenario que le resulta definitivamente familiar.

Aquí es. No será necesario que llame a Ainara para preguntarle la dirección correcta

Es un barrio muy bienestante, no muy lejos del centro de Fuerte Castillo. Unos abetos muy cuidados delimitan cada uno de los jardines del vecindario. Las casas son prácticamente idénticas en texturas y colores, pero sus estructuras difieren por completo. Obra vista, hiedra vistiendo de verde las paredes, mucho cristal, senderos de piedra para salvaguardar el césped de las pisadas…

!Menuda choza tiene mi hermano! Parece mentira que tengamos el mismo origen

Su orgullo no se resiente. Hace tiempo que decidió ser consecuente con sus propios designios. Sabe lo que eso implica.

Una vez frente a la puerta principal, apoya su dedo en el botón del timbre, pero algo lo detiene. Tiene la firme intención de que esta sea la última sesión con su sobrina. Quiere finiquitar esta perniciosa deriva amorosa que le está llevando directo al abismo.

Le diré que me han contratado para proyectos muy ambiciosos y que voy a estar muy ocupado las próximas semanas. Será muy duro perderla de vista, pero mucho peor sería implicarme más con ella. Necesito distanciarme, sino se me va a ir la olla del todo

Antes de que se decida a presionar el pulsador, la puerta se abre inesperadamente. Aparece una asustadiza mujer hispana:

 

BRUNO:   Perdón. ¿No es esta la casa de Justo y de Edurne?

RENATA:  Sí, sí. Yo solo les ayudo con las tareas domésticas.

BRUNO:   Soy Bruno. No sé si le han hablado de mí.

RENATA:  Sí,sí. Algo me ha contado Edurne: El cuñado fotógrafo ¿no?

BRUNO:   Así es. He venido a ver a Ainara. Tenemos sesión.

RENATA:  Bien. Le dejo pasar. Yo salía ahora para hacer la compra… … !!Ainaraaaah!!

 

Renata no es desconfiada, pero no le parece bien dejar entrar a alguien a quien no ha visto jamás sin la autorización pertinente. La chica tarda unos largos y silenciosos instantes en sacar su cabeza sobre el rellano de las escaleras de mármol que conducen a la segunda planta. Su cara, algo desmejorada, está perpleja.

 

RENATA:  Ha venido tu tío a verte. ¿Está todo bien?

AINARA:  Sí, claro Renata. Puedes irte tranquila.

BRUNO:   ¿Es que no te acordabas que habíamos quedado?

AINARA:  Síií. Sube Bruno.

 

Tras esa imperativa invitación, la cabecita de Ainara, con su pelo todavía mojado, desaparece tras la esquina de la pared. La oclusión de la puerta, tras la marcha de Renata, hace despertar a Bruno de su parálisis sorprendida. Se apresura a subir los escalones mientras ojea su móvil para comprobar la hora.

 

-Habíamos dicho a las seis no?-   mientras se asoma al cuarto de la chica.

-Sí, sí. Es que… hoy no he ido al cole. Estoy malita-   mientras se cubre con las sábanas.

-Ah. Podrías haberme avisado. No tenía porqué ser hoy la sesión-   algo descolocado.

-Es qué no me he dado cuenta de la hora que era… lo sientouu-   con carita de pena.

 

Bruno toma asiento en la silla de cinco ruedines que reposaba frente a ese desordenado escritorio. Sin mediar palabra, observa la infantil habitación de su sobrina. Las paredes son azul celeste y están parcialmente forradas con posters de gente muy molona que escapan a su conocimiento. La moqueta, con tonos más marinos, sustentan unos pocos náufragos de peluche.

 

B:  Voy a dejar la cámara en el suelo. ¿Vale?

A:  Sí, porque sobre la mesa… como que no.

B:  ¿De verdad estás enferma Ainara? Te veo los ojos… artos de llorar.

A:  Ups… me has pillado… es que no se te escapa una ¿eh?

B:  ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Un nuevo drama con tu novio?

A:  Mi ex dirás… … Aunque él todavía no lo sabe.

B:  Buenoo… … permíteme que no me tome esta ruptura como si fuera definitiva.

A:  Entiendo que digas eso. Pero ahora sí que sí. Ha pasado algo que… lo cambia todo.

 

Nadie le da continuidad a esta frase y se abre un silencio insostenible. Bruno se mantiene a la expectativa.

 

-¿Qué pasa? ¿Es que no quieres que te lo explique?-   dice ella con desespero.

-Ya sé que me lo vas a contar igualmente. ¿Quieres que te dé el tiro de salida?-

 

Ainara, acurrucada en su cama, da rienda suelta a los pelos y a las señales de su relato: los detalles sobre esos recelos que habían ocasionado tan incontables rupturas en el pasado, sus numerosas sospechas sobre Joel, el chivatazo de Gabriel, el desgaste de una relación repleta de altos, bajos y más bajos aún…

 

B:  ¿Estás segura de eso?

A:  Claro. Siempre me pasa. Ya te lo dije.

B:  ¿Pero no decías que Gabriel estaba tan afectado?

A:  “Vamos a tomar algo y lo hablamos” “Tienes una sonrisa tan bonita” “Me duele tanto que tengo ganas de acostarme con la primera chica que pille” “¿A ti no te pasa lo mismo?” “Tengo la casa para mí solo hasta la noche” “Oye, dame tu número por si hay algo”

B:   ¿En serio te dijo todo esto?

A:  Como te lo digo. Pero no era solo eso. Era la forma de mirarme y de hablarme.

B:  ¿Y como se puso en contacto contigo si no tenía tu teléfono?

A:  Ya te lo he dicho Bruno. Me abrió por Face.

B:  A claro. Olvidaba lo ciber que eres. Si no existiera la grabación ¿le hubieras creído?

A:  … … … Si mi relación fuera normal no, pero tratándose de Joel… No sé.

B:  Entonces ¿Se escondió para gravarles? ¿O cómo fue el tema?

A:  Resulta que su novia y Joel coincidían demasiado en sus campanas.

B:  El pobre estaría en clase pensando: “¿Dónde está mi novia? ¿Y mi compañero?

A:  Es técnico de sonido. Dejó un micro muy bueno grabando debajo de su cama.

B:  Vaya. El tal Gaby tiene algunas luces que todavía le funcionan.

A:  Pasando tanto rato juntos, los tres, seguro que había notado algo entre ellos.

B:  ¿Y tú tienes esa grabación? ¿Te la envió por face después de que hablarais?

 

Ainara asiente silenciosamente. Está ligeramente incorporada gracias a unas grandes almohadas que la respaldan. Tiene el pelo alborotado. Sus cálidos ojos miel reflejan su tormento nocturno. Lleva una camiseta enorme de gruesas rallas horizontales blancas y rosas. Mira hacia su izquierda para vislumbrar el cielo de plomo a través de esa gran ventana que abre su habitación.

 

A:  Estoy tan depre que ni siquiera mis fans podrían animarme.

B:  No sabía que tus seguidores se dedicaban a eso.

A:  Cuando tengo un problema, a veces lo cuento en un directo.

B:  Eso sí que no me entra en la cabeza.

A:  Está muy bien. Se conecta mogollón de gente que me adora y me dan ánimos.

B:  Pero eso… eso… ¿Es que no ves que no es real? La gente que te sigue solo son…

A:  Sí. Ya sé lo que piensas. Que solo hay pajilleros. Pero no es verdad.

 

Bruno es un tipo humilde. Nunca se cree poseedor de la verdad absoluta. Reflexiona por unos momentos.

Solo he quedado cinco veces con Ainara. Tengo que reconocer que esos flechazos amorosos no se deben únicamente al tiempo que he pasado con ella. Gran parte de mis sentimientos vienen de todas las horas que he pasado mirándola y escuchándola desde el otro lado de la pantalla”

 

B:  Puede que tus fans sientan un amor platónico por ti.

A:  Claro que sí. Es eso. Ni siquiera sienten celos de Joel. Solo algo de envidia.

B:  ¿No te preocupa que alguno se obsesione y venga para acosarte?

A:  No soy tonta Bruno, aunque a ti te lo parezca, nunca digo de donde soy.

 

Bruno responde con una mirada algo disconforme. Nunca le ha dicho que sea tonta, pero en el fondo, es verdad que jamás ha valorado demasiado su intelecto. Será por esa incultura general, por sus espontaneas e irreflexivas respuestas, por unos valores demasiado modernos…

 

A:  Me siguen muchas niñas y me piden consejo. Soy su ídola.

B:  Es “ídolo” Se trata de una palabra sin femenino.

A:  ¿Lo ves? Por esta clase de cosas tú nunca tendrás un solo fan.

B:  Eso ya lo sé Ainara. Nadie me quiere. Ya estoy acostumbrado.

A:  Yo si te quiero Bruno. Lo decía en broma. Eres muy querible. !!Sí, “querible”!!

B:  No te he corregido. No volveré a hacerlo.

A:  Esa ex tuya, Adriana, no supo nunca lo que se perdía.

B:  No es ex porque nunca fue mi novia y no se llama Adriana; es Diana.

A:  ¿Ya estás corrigiéndome otra vez?

B:  S q. Es q… Es que…

A:  Ya lo sé. No te pongas nervosius, que tartamudeas otra vez.

 

Bruno desiste. No es rival para esa niña; no en el terreno del humor y las tomaduras de pelo. Ainara se escapa de las sábanas fugazmente para apoderarse de su Tablet. Por primera vez hoy, su expresión se nutre con su característico entusiasmo juvenil.

 

A:  Voy a buscarla. Quiero ver como es.

B:  No. No hagas eso. Es agua pasada.

A:  No existía Face ni nada en la época en que te rompió el corazón, pero ahora…

 

Una vez recuperada su cómoda pose, y arropada de nuevo con sus infantiles sábanas de Pepa Pig, no tarda ni dos segundos en entrar en el apartado de búsqueda de perfiles. Tras unos pocos instantes, le dirige la mirada a su tío de un modo imperativo.

 

A:  ¿Diana qué?

B:  Diana de Gales.

A:  A ver… Diana Degales… ¿Degales va junto?

 

Bruno se golpea la frente con la palma de su mano abierta.

!!DIOS!! Lady Li murió mucho antes de que naciera Ainara

Ese pensamiento abre un océano generacional entre ellos que retrata cruelmente el disparate que alberga su corazón.

 

-!¿Queeeeeé?!-   pregunta ella a modo de protesta indignada.

-¿¿Es que no sabes quién es Diana de Gales??-   con desespero.

 

Ainara mantiene su boquita en forma redonda mientras observa lo que le muestra la pantalla acerca de su búsqueda.

 

A:  ¿Lady Di? Eso me suena un poco, pero… Diana de Gales no.

B:  ¿De verdad no sabes quién es?

A:  Algo del corazón. Pero es que yo no miro esas cosas. Estoy en otra onda bro. Escucha: quiero que vengas aquí conmigo y busquemos a tu primer amor juntos.

B:  No creo que esa sea una buena idea Ainara. No quiero verla. No la busques.

 

Desoyendo a su tío, Ainara se arrincona hacia la ventana para hacerle espacio y le señala el espacio que debe ocupar. Palpa el colchón insistentemente, cada vez con más impaciencia. Bruno se siente tentado. A pesar de sus ratos juntos, todavía no ha compartido su espacio vital con ella.

 

BRUNO:   No quiero revivir sentimientos amargos del pasado.

AINARA:  No te lo estoy preguntando. ¿Me oyes? Te digo que vengas aquí.

 

Fingiendo un gran pesar, se levanta, se descalza y se mete, temeroso y prudente, en la cama de su sobrina. Le cuesta un poco encontrar la postura idónea dentro de esas sábanas.

 

A:  No seas tonto Bruno, no te voy a morder.

B:  No, ya. Es que…

A:  Pégate a mí y dime como era el apellido de tu amada.

B:  Emm… … … Villalba. Diana Villalba. No creo que la encuentres.

A:  Eres un hombre de poca fe… … … !Fua! Mazo de Dianas Villalbas.

B:  Seguro que ninguna es ella.

A:  Espera, espera… … La mitad son panchitas.

B:  Pe.pero niñaaah: no digas esas cosas.

A:  Que nooo. Se lo digo en plan cariñoso. Yo tengo amigas latinas y las llamo así.

 

Ainara ha renunciado a su arrinconamiento y se arrima todavía más a su tío mientras ambos comparten interés por los distintos perfiles que les muestra la pantalla de su tablet extragrande.

 

A:  !!Esta!! !Esta es! Diana Villalba de Augusta… … … a ver…

B:  Nooh. Por Dios… en serio… no quiero verlo.

 

Bruno cierra los ojos inicialmente pero, motivado por el silencio inquietante de su sobrina, no tarda en sucumbir a la curiosidad y abrirlos de nuevo. El resultado es escalofriante.

 

A:  Buaaaag. Bruno… ¿En serio?

B:  N. No r. era… N.n. No era as. Así.

A:  Buenooo. Si te vuelves tartamudo es que debes estar en plan… … patidifuso.

 

Parece que esa mujer se haya comido a Diana, pero no solo se trata del desafortunado perfil que dibujan, bastamente, sus numerosas lorzas. Esa piel, que antaño había dado forma a una belleza extrema, ha perdido toda su frescura y ahora se nutre de un sinfín de manchas y verrugas velludas. Su alegre expresión se ha entristecido a pesar de los infructíferos esfuerzos que hace su boca por sonreír con sus asimétricos dientes amarillentos.

 

A:  ¿Esta mujer tiene tu edad? Yo le pongo más de cincuenta.

B:  No lo entiendo. No sé qué le habrá pasado. Era muy hermosa.

A:  Alcohol, tabaco, drogas… … disgustos… pasteles… hijos…

B:  !!¿Qué?!! ¿Todos esos son hijos suyos?

 

Ainara no deja de desplazar las imágenes, una a una, para ver la siguiente. Cada foto resulta más desalentadora que la anterior.

 

A:  Sale morreándose con muchos tíos. Cada hijo debe ser de un padre diferente.

B:  Son… Esos hombres son… son…

A:  Ni que lo digas. Son espantosos. Mira este. Tendrá sesenta. Gordos, calvos, feos…

B:  Me deshice de las fotos de cuando ella y yo… pero te aseguro que era guapísima.

A:  Dime una cosa. ¿Fue cruel contigo cuando te rechazó?

B:  Fue la más sanguinaria de las arpías. No tuvo piedad. Me destrozó en mil pedazos.

A:  Te propongo algo. Me arreglo y nos hacemos unas fotos como si fuéramos novios.

B:  ¿Qué ocurrencias son esas Ainara?

A:  Que sí que sí. Luego se las enviamos. Flipará seguro. ¿Se te ocurre mejor venganza?

B:  No quiero vengarme. Todo eso quedó atrás.

A:  Tres años Bruno. Tres años estuviste enamorado de esa pelandrusca.

B:  Eso fue culpa mía. Me sentía vacío sin ese dolor. Me aferraba a el de mala manera.

A:  Pero ahora !mírate! Estás que crujes; y no son palabras mías. Gisela y Judith anda cachondas perdidas por ti también. Me lo dijeron. !Mira que músculos!

 

Ainara palpa, desinhibidamente, los pectorales de su tío para certificar sus argumentos. Ella misma se sorprende de las protuberancias musculosas que percibe a través de esa fina camiseta gris. Bruno empieza a constatar la singularidad de la escena que está protagonizando junto a su sobrina, en la cama.

Puede que mis sentimientos arrebatadores hayan ninguneado mi objetividad hasta ahora, pero ¿Acaso alguien vería con normalidad lo que está ocurriendo? ¿Qué pasaría si Justo entrara ahora mismo por la puerta?

 

B:  ¿En serio?… … ¿Qué tienen en la cabeza esas niñas? ¿No ven que soy muy mayor?

A:  A ellas les gustan mayores, de esos que llaman señores, de los que te abren la puerta y te mandan flores. A mí me gustan más grandes, que no me quepa en la boca…

 

Ainara se ríe antes de terminar el verso. Ha empezado hablando con naturalidad, pero no ha podido evitar entonar esa pegadiza melodía a medida que iba avanzando su broma.

 

B:  Ya me la conozco. Te he visto bailar esta canción.

A:  ¿Hay alguno de mis musicalys que no hayas visto?

B:  Tienes muchos videos de esos colgados. Demasiados.

A:  ¿Demasiados? ¿Es que te aburren? Me gustaría verte mientras los miras.

B:  No. No te gustaría.

A:  ¿Tú que sabes?

 

La picardía más atrevida se apodera de las preguntas de Ainara a pasos agigantados. Bruno se calla. Está caminando, de nuevo, entre arenas movedizas; aunque ya no le parece tan inoportuno hundirse en ellas. Su polla adulta lleva un buen rato hinchándose con vergonzosa consanguineidad. La relevancia de ese duro falo ya consigue tergiversar su raciocinio libidinosamente. Si no fuera por la discreción que le ofrecen esas sábanas rosas, hace rato que esa situación se hubiera vuelto insostenible. En su pensamiento, los cabos sueltos proliferan por doquier:

Ainara ha cortado con Joel                                                                           

Está triste y necesita del consuelo de su tío.                                               

Me ha invitado a la cama y no deja de restregarse sabiendo lo que sabe.

¿Gisela y Judith andan cachondas perdidas por mí TAMBIÉN?       

Renata ha ido a hacer la compra.                                                                 

Justo y Edurne no volverán hasta la noche.                                              

Julen tiene judo.                                                                                                    

“Me arreglo y nos hacemos unas fotos como si fuéramos novios”

 

-Tú confía en mi-   dice Ainara animosamente mientras aparta las sábanas y se levanta.

-¿Qué? ¿A qué te refieres?-   intentando disimular su tremenda erección.

-Te vas a sacar una espina del corazón-   ya desde su lavabo particular.

-Hace casi veinte años de eso. No era consciente de…-   viéndose interrumpido.

-Todavía te duele el orgullo. No digas que no. Lo noté cuando me lo contabas-

 

Ainara se está peinando frente a su glamuroso espejo, pero asoma la cabeza por el umbral de la puerta cada vez que pronuncia una de sus incisivas frases.

Bruno apoya sus pies descalzos en el suelo. Se siente como El Caballero Oscuro en Pitufolandia. Sin su sobrina al lado para nublarle la precepción de la realidad, ese chocante contexto visual de colores pastel se empeña en recordarle que no pertenece a este sitio. Está acostumbrado a los grises, negros y marrones de su sobrio y austero ático, en el centro, y esa sobredosis tan barroca de inputs infantiles en forma de peluches, estampados y merchandising variado no deja de escupirle reproches acerca de lo que está haciendo en ese lugar.

 

!Cállate Dora La Exploradora! No me mires así. No tengo que darte explicaciones

 

A:  Ya verás. Este colirio me va de perlas. Me quitará en un fly el rojo de los ojos.

B:  No sé si podrás parecer feliz con el disgusto que llevas encima.

A:  No te imaginas de lo que soy capaz. Puedo llorar cuando estoy contenta, así que…

B:  Es distinto. Puede que parezcas una rehén más que una novia si se te ve forzada.

A:  Créeme. Después de tantos videos y tantas fotos me conozco mejor que mi propio espejo. Puede que no suene muy bien esto que digo, pero… Sí, soy presumida.

 

-¿Tú qué opinas de mi sonrisa?-   pregunta esta vez sin asomarse.

-És… … … mágica-   susurra tras una honda inspiración.

-¿Qué?-

 

Ainara aparece en escena sin dejar de usar su minicepillo negro para magnificar, todavía más, sus largas pestañas. Su actividad ininterrumpida no desmerece la intriga de su interés por tan tardana respuesta. Bruno se repite sin levar demasiado el tono, como si estuviera admitiendo una derrota.

 

B:  Es mágica.

A:  Ooixx… Eres el mejor tío del mundo.

B:  No es algo tan distinto de lo que te dijo Gabriel.

A:  Es más original. Además, sé que tu no lo dices porque quieras acostarte conmigo.

 

La chica regresa frente al reflejo de su mejor amigo material y usa su talento maquillador para darse unos leves toques de lo más sexys que resalten sus mejores facciones.

 

-¿Qué tal estoy? ¿Mejor?-   plantándose en el centro de la moqueta marina.

-Te veo más animada. No hay duda. Pero… no lo veo nada claro. De verdad-

-Eso es porque todavía no has visto la ropa que voy a ponerme-   con tono pícaro.

-No. En serio-   negando con la cabeza con cierto disgusto   -No sería creíble si…-

-¿Eso es que vamos a hacerlo? ¿Te he convencido?-   eufórica   -No podrías encontrar.  una chica más joven y más preciosa que yo para fardar delante de esa vil viejuna. No es por presumir, pero soy un diez sobre diez-

 

Por más absurdas que sean sus ideas, Bruno es incapaz de negarle nada a su niña, tal y como ocurría cuando era pequeña. Hace una sutil mueca de rendición que reaviva, todavía más, el creciente entusiasmo de Ainara. Seguidamente, vuelve a tumbarse cautelosamente sobre la cama y se arropa solo hasta la cintura, a modo de precaución discrecional. La chica da un salto para poder encaminarse por encima de su tío, sorteándole esos pasos esbeltos. Esgrime una pequeña exclamación antes de desplomarse en su lado del colchón, ya con su móvil en la mano.

 

B:  ¿Qué pasa?

A:  Es que no llevo ropa debajo. ¿No me habrás visto nada no?

B:  ¿Que no llevas qué? ¿Por qué?

A:  No sé. Es que cuando Renata me ha llamado acababa de salir de la ducha.

B:  Pues… … Estás a tiempo… … No voy a mirar si…

A:  No… Total… ¿Para qué? Si tuviera la regla, seguro. Jajajah… pero no me toca aún.

B:  Entonces… ¿Quieres que nos saquemos las fotos con tu móvil?

A:  Claro… o no, espera: ¿Lo hacemos con tu cámara? Ya que la has traído…

B:  No, no. Si tienen que parecer fotos caseras… Además: tú tienes un pepinazo.

A:  Es que soy de buena familia. Siendo tan tecnológica, no puedo ir con una cutrada.

B:  Un momento… Ainara… Verás… es que no sonrío en las fotos… nunca… no sé.

A:  Si no sabes no sonrías. Es peor cuando se fuerza. Tú mírame con cara de amor.

B:  ¿Y eso cómo se hace?

A:  Pues como lo haces siempre tonto.

B:  Ya… … bueno… … vale.

A:  Diana no sabe que soy tu sobrina ¿no? !Pues ya está!

 

Esa clase de equívocos van a acabar con él. Dobles sentidos, descuidos verbales, pequeñas insinuaciones tendenciosas… Siempre que trata con su sobrina tiene la sensación de ser un mero juguete en sus caprichosas manos.

Ainara se coloca bien el pelo y empieza a ensayar encuadres pegándose mucho a él. Su dulce aliento y ese perfume de champú de frutas envenenan la cordura de su tío, doblegando su voluntad irremediablemente. Ahora que Bruno sabe que ella no lleva nada debajo de esa gastada camiseta de tela fina, su calentura entra en ebullición todavía más rápido que antes.

 

A:  Tendrás que darme besukiss si quieres ser convincente.

B:  ¿Besos? ¿A dónde?

A:  Donde quieras. Yo te dejo. Es por una buena causa.

B:  Diana no va a creerse nada de esto. Quedaré en ridículo por tu culpa.

A:  Noo… Si lo hacemos bien daremos el pego. Imagínate como se sentirá la muy cerda.

B:  ¿Si lo hacemos bien?… … … ¿Si lo hacemos bien?

A:  Quítate la camiseta. Tiene que verse que son fotos muy íntimas en la cama.

B:  ¿Qué dices? En serio…

A:  Claro que sí. Restriégale tus músculos. Que vea lo que se ha perdido.

B:  Viendo sus últimas conquistas… puede que no sea tan mala idea… Pero no. No.

A:  Esa zorra se merece lo peor; por romperle el corazón a mi tío preferido.

B:  No quisiera pecar de superficial pero, si le duran tan poco, no deben ser relaciones muy profundas que digamos. Mucho éxito no estará teniendo ¿no?

A:  Ahí, ahí. Sí me das un besito en la mejilla con la camisa puesta, pensará que soy tu sobrina o tu hija. Tiene que quedarle clarinete. Sino estamos haciendo el tonto.

B:  ¿Y si llega tu padre por sorpresa? ¿Cómo se lo explico? Justo me mata… … Sería una muerte merecida y… … justa.

 

La magia de la sonrisa de Ainara vuelve a hechizar a Bruno. Ese pueril juego de palabras puede haber sido el detonante de tan luminosa expresión, o puede que solo se trate de una más de las armas de la chica para quebrantar la debilitada moral de su tío.

 

A:  De todas formas, me lo debes.

B:  ¿Te debo el qué?

A:  El viernes pasado, durante la sesión con Gisela, me prometiste que me enseñarías las cicatrices que te quedaron por la bomba esa; en la guerra. Así que…

 

Ainara se ha puesto de rodillas, sentada sobre sus pies y encarada hacia su interlocutor. Ni corta ni perezosa, inicia la maniobra de extracción. A Bruno se le han acabado los argumentos opositores y no tarda unirse para colaborar y facilitar el cometido de su sobrina.

 

-Anda, ya las veo. No ibas de farol-   fascinada.

-No tenía motivos para mentir-   muy sosegado y ya con su camiseta desterrada.

 

Sin pedir permiso, Ainara empieza a acariciarle el pecho y el lado derecho de su torso para constatar el relieve de esas marcas casi artísticas. No desfiguran su fornida figura, ni siquiera violentan demasiado la armonía de su piel, solo verifican el relato bélico que tan superficialmente relató ese fotógrafo trotamundos la pasada semana, en la orilla del lago.

 

-Lo estoy flipando-   dice sin dejar de peinar esa piel con las puntas de sus dedos.

 

Yo sí que lo estoy flipando. Conocía mis ganas de tocarte, pero no creí que serían tus dedos los que…

 

A:  Esto es mucho mejor que un tattoo joder.

B:  ¿A qué viene eso?

A:  Joel tiene unas letras chinas que ni sabe lo que dicen.

B:  Se informaría antes ¿no?

A:  Da igual. Él no sabe chino, ni irá nunca a la China. Solo pagó para que se lo hicieran.

B:  Bueno. A mí me salió gratis, aunque puede que fuera más doloroso.

A:  Te digo que mola porque lo tuyo si tiene sentido. No es un capricho de niño rico.

B:  Sí. Bueno. No me quedan mal ¿no?

A:  Me encantan. Son tan… autenticas… tan reales… … tienes pelillos blancos ¿eh?

B:  No me hables de los pelos de Joel ahora, por favor.

A:  !Qué va! Si se depila todo. ¿No ves que es más presumida que yo?

 

Bruno desvía la vista para ver como caen las primeras gotas de esta tarde que promete ser lluviosa. Su cara no refleja enfado, pero su mente está afligida por esos pocos segundos que lleva su sobrina sin tocarle. Ainara se da por aludida unilateralmente:

 

-Lo siento. Ha sido mi primer y único amor hasta ahora. Ya me callo-   con voz apenada.

-No me he quejado. Te comprendo mejor de lo que crees-   devolviéndole la mirada.

-Sí, pero si estamos haciendo esto es por tu ex, no por el mío-   acurrucándose con él.

-Ya no tengo claro lo que estamos haciendo Ainara-   con una confusión azucarada.

-No te me pongas verraco ahora-   adoptando ya la pose   -Tienes que ser profesional-

 

Las primeras fotos no quedan demasiado convincentes. La iluminación es buena e incluso el cercano cristal de la ventana dibuja, virtuosamente, su textura mojada sobre sus pieles; pero Bruno está demasiado tenso. La fresca complicidad de Ainara resulta estéril frente a un compinche tan cortado.

 

-¿Qué haces?-   susurra ella   -Anda, ven aquí-

 

La chica se amorra a los labios de su tío sin dejar de gravar con el móvil. Él la recibe gratamente y, por primera vez, corresponde los fraccionados abrazos de su sobrina rodeándola por la cintura. Ainara mete su jugosa lengua traviesa en esa boca ajena sin ninguna clase de miramientos. Bruno empieza flotar por encima de las nubes más blancas y algodonadas cuando de repente:

 

A:  Vale, ya está. Creo que con esto tendremos suficiente.

 

Esas frías palabras cortan en seco la música celestial que se había apoderado, embriagadoramente, de uno de los dos.

 

A:  He grabado a máxima resolución y a cámara lenta. Tú ya lo editas luego.

B:  Es que… es que no habíamos dicho… … pensaba que serían fotos.

A:  Sí. Tu escoges los fotogramas en los que salgamos mejor… … A ver, a ver…

 

Ainara no se aleja, pero se desentiende de su tío para tener las dos manos libres y sujetar mejor su móvil mientras reproduce.

 

A:  !Juas! Mírate. Se te pone cara de bobo cuando me besas.

B:  Qué cruel eres niña… … No estaba pensando en la cámara ¿vale?

A:  ¿Pues en que pensabas?

 

Bruno no es capaz de responder, pero eso no parece que inquiete demasiado a su sobrina. Está demasiado pendiente de las imágenes que acaba de capturar.

 

A:  Joh. No miras a cámara ni una vez. Y yo sí.

B:  Parece que seas tú la que haces el video para Joel.

A:  !Oye! Pues no es mala idea.

B:  Ni en broma. Este video me lo envías y lo borras. ¿Estamos?

 

Ainara asiente condescendientemente. Bruno no tiene la más mínima intención de enviarle esa provocación a Diana. Es más sensato que todo eso. Pero no es capaz de pararle los pies a su sobrina; mucho menos cuando el premio es tan suculento. La chica apaga el dispositivo y perfila su pose tumbada para encararse, muy cercanamente, con su tío:

 

-Dime una cosa-   ella, dejando un largo suspense   -¿Llevas calzones apretados hoy?-

-No… … Me han hecho esperar en la redacción. No he tenido tiempo de pasar por casa-

-Estoy pensando que… se te habrá puesto muy dura con esto que acabamos de hacer-

 

Las palabras de Ainara son cada vez más susurradas y furtivas, como si hubiera alguien más en casa que pudiera escucharles.

 

B:  Me voy a acoger a mi derecho de no contestar, señoría.

A:  !Anda y que te den! No necesito que me contestes para saberlo.

B:  … … Me vas a matar Ainara.

A:  ¿Y eso?… … No te mató esa bomba, no te mataron las balas y… ¿te voy a matar yo?

B:  Eres… eres… eres.

A:  Ya lo sé… … Tú también… Si no fueras mi tío te ibas a enterar de lo que es bueno.

 

Como quien no quiere la cosa, Ainara vuelve a toquetear las cicatrices que albergan esos pronunciados pectorales desnudos. Dicha mezcla entre caricias y cosquillas terminan por incidir en uno de los pezones de su tío, quien siente el ascenso de ese notable gozo a un plano superior.

Cuando los dedos de su sobrina parecen haber terminado esa cerrada trayectoria circular, Bruno suelta, por fin, las correas de moralidad que a duras penas han podido contener sus furiosas y bajas pasiones hasta ahora. Mete su mano derecha por debajo de esa holgada camiseta y trepa rápidamente, por el muslo de la niña, hasta apoderarse de una de esas codiciadísimas nalgas adolescentes. A penas ha empezado a besarle el cuello cuando:

 

-¿Qué haces?… Vamos… Para Bruno. En serio. No… Te digo que NO. !Brunooh!!-

 

La negación de Ainara ha empezado tímida y avergonzada, pero su imperativo se ha ido recrudeciendo violentamente hasta alcanzar cotas alarmantes en volumen y reprobación. Bruno le concede un poco de espacio y la mira con los ojos muy abiertos, sin entender nada.

 

B:  ¿Qué pasa Ainara? ¿No es esto lo que quieres?

A:  Nooh. Que va… … No puede ser. Eres mi tío y eres… eres muy mayor.

B:  Entonces ¿a que ha venido todo eso?

A:  Vamos Bruno. Una cosa es tontear un poco, pero esto… esto no…

B:  Pero ¿tú sabes cómo me has puesto?

A:  !Juas! Ya lo sé. Pero no es la primera vez que te la pongo dura ¿no?

B:  S. sí pepero. S Est.o . no… Esto no…

A:  Si tuviera que follarme a todo aquel a quien se empalma conmigo no daría abasto.

 

Ainara se sienta y se apoyada en la pared. Abraza una de sus almohadas cuadradas en una pose muy recogida que la protege. Se muerde el labio. Esa pilla sabe que se ha pasado de la raya.  En su huida, ha desplazado las sábanas de Pepa Pig, dejando al descubierto esa tremenda protuberancia que dibujan los pantalones negros de su tío. No puede evitar fijarse y sonreír. Algo sonrojada se tapa la boca sin poder esconder su diversión.

 

A:  Vaya trabuco que tienes ahí escondido tron.

B:  ¿Est. Esto sueles hacelro c.con los chicos?

A:  !NoOh! !Que va! Nunca. Pero contigo es diferente.

B:  ¿Por qué?

A:  !Eres tú! Sé que nunca me harías daño; que no intentarás abusar de tu sobrina.

B:  Ya pero es que… Esto no… ¿No ves que…?

A:  No podemos follar Bruno. ¿No te das cuenta de lo raro que sería eso?

 

Alérgico al rechazo. Bruno no se ve con fuerzas de insistir.

 

Si supieras lo que me estás haciendo arderías de remordimientos. Tengo la mente tan nublada que empiezo a comprender a los violadores. Eso evidencía que tengo problemas graves. Voy a reventar si me quedo un minuto más en la cama con esta niña

 

B:  Me tengo que ir ya Ainara.

A:  Nooou. Por favor. ¿Te has enfadado? No seas así. Te necesito conmigo ahora.

B:  ¿Para qué? ¿Para tomarme el pelo?

A:  Nooh. Para estar conmigo. Estoy muy depre por lo de Joel y tú me animas mucho.

B:  Te animo porque te ríes de mí.

A:  Nonono. De verdad. No me río de ti. Me río contigo.

B:  Mírame la cara Ainara. ¿Te parece que me esté partiendo?

A:  Vamoooos… No seas malo… … Quédate.

B:  Que yo soy malo… Que yo soy malo… Que yo…

A:  Perdóname. Me portaré bien. De verdad de la buena.

B:  Es que no puedo. Estoy… Estoy que trino… No puedo más.

A:  Vale. Sí. Me he pasado. Lo reconozco. Se me ha ido un poco.

B:  !¿Un poco?! !¿Quieres que te enseñe lo que tengo debajo de los calzones?!

A:  Vamos Bruno. Tú no eres así. No eres de los que se la sacan delante de niñas.

 

Ofuscado, opta por callar. Se levanta en busca de su camiseta gris con la intención de vestirse rápidamente, pero esa prenda está hecha un manojo y se resiste a desplegarse.

 

-En serio, no te vayas-   con un tono más serio ya   -Hazte un pajote si quieres. No miro-

-No voy a hacer eso Ainara. No me la pelaré aquí en tu cuarto, ni en tu lavabo-   áspero.

 

A:  Pues pégate una ducha de agua fría, no se… … pero no te vayas.

B:  ¿Una ducha? ¿Quieres que me duche ahora?

A:  Así te enfrías. Se te pasará el calentón con el agua freskuki. !Porfaplins!

 

Bruno mira a su sobrina durante unos reflexivos segundos y, acto seguido, desvía su foco hacia ese lavabo de azulejos rosados. En el fondo, no le apetece alejarse de Ainara. Se trata solo de superar una situación insostenible; de apagar ese fuego que le quema. No tiene claro que una ducha fría pueda sofocar su incendio, pero puede que no sea tan mala idea.

 

-Bueno… … haré eso-   mientras vuelve a desentenderse de esa camiseta insumisa.

-Te espero aquí cariño-   en un tono jocoso que contradice sus buenas intenciones.

 

Nada más articular el grifo, Bruno percibe la lluvia de una gran alcachofa plana y cuadrada que corona esa higiénica estancia. Por inercia, antes de sacarse los pantalones, emprende un gesto con la intención de cerrar la puerta, pero una vehemente inquietud esperanzada censura esa iniciativa. Su ángulo cerrado salvaguarda su discreción, siempre y cuando Ainara no abandone la cama donde tan bien acomodada se encuentra.

Ya bajo el influjo de un gélido diluvio, ese bonachón torturado intenta poner su mente en blanco. Su perenne erección se declara en rebeldía y se mantiene infranqueable.

Vengaah. Puedo con esto. No necesito hacerme una paja. Eso sería muy triste. No quiero que… no… Sácala de tu cabeza. Piensa en… … piensa en… … los trozos sangrientos de Mus tras el centrifugado

 

-!Puedes usar mis toallas!-   grita Ainara sin levantarse todavía.

 

Antes de salir, Bruno decide regresar del polo norte calentando las aguas que tan cruelmente le están helando. Misión cumplida. Por fin se ve capaz de superar esta dura contienda de una manera honorable. Cierra el grifo y desplaza esa mampara cristalina con motivos translucidos que llega hasta nivel del suelo. Tras apoderarse de la más grande de las toallas, empieza a secarse serenamente. Antes de que empiece a vestirse, su sobrina aparece impetuosamente y sin avisar.

 

A:  Me has dado envidia. Me voy a duchar yo ahora. Es mi turno.

B:  … … Emmm… Adelante… … Como si estuvieras en tu casa.

A:  !Quita va!. Y no se te ocurra mirar.

 

Sin siquiera darle la oportunidad de apoderarse de su ropa, Ainara lo empuja fuera del lavabo con impaciencia. Bruno, con la toalla anudada en la cintura, queda confuso y frunce el ceño.

¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?

Cuando Renata me ha llamado acababa de salir de la ducha.

Una cosa es tontear un poco, pero esto… esto no…

No podemos follar Bruno. ¿No te das cuenta de lo raro que sería eso?

¿Y ahora esto?

La chica no ejerce supervisión alguna y no comprueba que se cumplan sus designios para preservar su intimidad. Se remoja despreocupada con agua caliente y jabón, posando grácilmente con movimientos de naturalidad dudosa. A cada segundo que pasa, la mampara se empaña un poco más, despiadadamente.

Los ojos artísticos de Bruno suelen llevarse una pequeña decepción cuando por fin contempla un desnudo integral. Es de la opinión que una chica con poca ropa, bien elegida, siempre puede ser más sexy que sin ella. En estos momentos, su sobrina está rompiendo esa férrea teoría.

Sus esculturales piernas inquietas; esas basculantes nalgas hipnóticas, tan redondas como las burbujas que flotan mecidas por el vapor; una cinturita que haría palidecer de envidia a cualquier avispa; esas jovencísimas tetas turgentes que intentan esconder sus pezones tras la franja translúcida del permisivo cristal mojado; la larga melena castaña, sin volumen, que se pega avariciosamente a su húmeda piel; esa mirada mentirosa que elude enfocarle, conocedora de la lascivia de los ojos de su público, abanicada con el lento aleteo de sus largas pestañas…

 

-!Bruno! !¿Qué haces?! No puedes entrar aquí-   tapándose los pechos.

-Tenías razón ¿vale? Debería haberme pajeado antes, pero… es que no puedo-   dolido.

-¿Qué?… … ¿Qué?-   algo asustada, pegando su espalda a los azulejos.

 

La chica ha salido de la amplia trayectoria de esa lluvia doméstica, pero el intruso que inoportuna su tranquila sesión jabonosa no parece que quiera darle mucha tregua.

 

B:  No te voy a follar Ainara. No lo haré si es demasiado raro para ti.

A:  Esto es raro… … Es raro de cojones joder.

B:  Solo deja que sea yo quien te enjabone. Mis manos envidian demasiado a mis ojos.

A:  ¿Qué?… … ¿Qué?… … ¿Ahora te pones poético?

 

Se siente desafiada al contemplar como ese grotesco falo la señala a la cara como si de un gran dedo índice se tratara. Siguiendo su calenturiento guion, de forma muy creíble, Ainara se dispone a travesar el umbral de esa mampara corrida para huir de su tío cuando, de repente, unas grandes manos la rodean, desde atrás, frustrando su fuga. Un poco asustada, ni siquiera ella misma parece muy segura de donde acaba su interpretación y empieza una realidad tan incierta como improvisada. Puede que, en el fondo, no creyera que ese hombre fuera capaz de tomar la iniciativa de un modo tan agresivo.

El agarrón se convierte en abrazo y el abrazo en firmes caricias cada vez más libertinas. Pronto los dedos de Bruno trepan hasta sus tiernas tetas mojadas para examinarlas con entusiasmo. Ainara, con la mirada perdida, sufre una cierta parálisis sumisa mientras su tío la manosea. Solo despierta cuando el cristal empañado termina de encerrarla, oclusivamente, en ese cubículo humeante de nuevo.

El agua sigue regando esa morbosa escena carnal como si de una planta sedienta se tratara. Con su inerte capacidad de emitir juicio alguno, moja esa desigual pareja tan desigual en estatura, corpulencia, edad, proporciones, peinado, personalidad…

 

-No me estás enjabonando Bruno-   algo más permisiva mientras se da la vuelta.

-D.Donde s. est. Donde está el jabón-   desprovisto de la más mínima búsqueda.

 

Sin tener que pronunciar palabra, la chica mira hacia un estante vidrioso y redondeado muy cercano. Se la ve insegura y algo asustada. No en vano, Joel ha sido el único hasta hoy.

 

B:  Será mejor que cierres el grifo si no quieres que se vaya todo… todo para bajo.

 

La chica obedece un tanto avergonzada, ni siquiera es capaz de mirarle. Enrosca el dedo en esos largos cabellos empapados y llena sus pulmones, con la respiración acelerada, para enriquecer una pose que saca pecho con la espalda curvada.

Bruno se una las manos sin medida, nutriendo sus inminentes caricias de una erótica viscosidad. Un poco ruborizada, Ainara deja que su tío recoja de sus jovenes pechos con ambas palmas. Esta vez se trata de un ataque frontal, pero ella insiste en no mirarle directamente a los ojos, tal y como si la gobernara un instinto felino. Se limita a contemplar, con boquita de piñón, como esos poderosos dedos varoniles hacen fluctuar el contenido de sus precoces glándulas mamarias, importunando sus genuinas formas perfectamente redondeadas.

En lo que parece un absurdo intento de juntar esas dos tetas en una sola, Bruno ejerce un apretón demasiado fuerte y hace gemir de dolor a su sobrina:

 

-oOh… … No te pases Bruno-   con un tono sutil y frágil.

-Lo siento pitufina-   volviendo de su libidinosa enajenación fugaz.

 

Ese inoportuno apodo representa todo un sablazo para la poca normalidad que le pudiera quedar a esa truculenta secuencia cargada de peros. No se trata de un mote aleatorio. Ainara clava los ojos en su tío por primera vez en mucho rato. Se la ve afectada: llorosa y boquiabierta. Hace sutiles gestos de negación.

 

A:  ¿Por qué me llamas así?… … … ¿Por qué después de tantos años?

B:  Nono lo sé Ain. Ainara… … Me ha salido… Ha sido sin querer.

 

Para combatir el estupor de su sobrina, los dedos de Bruno descienden, respetuosamente, hacia esas colganderas manitas tan inactivas. Teme que ese lapsus haya convertido el abrupto trayecto emocional por el que transitan en un camino del todo impracticable. La mirada de Ainara se pierde presagiando un drama de difícil arreglo, pero su reacción resulta inesperada:

 

-Cómeme el culo Bruno-   mientras se da la vuelta y vuelve a abrir el grifo.

 

Su tono sinuoso finge indiferencia y se muestra inmune a esa lejana evocación infantil. Ainara levanta los brazos y se sujeta a una barra de cerámica blanca paralela a la pared, casi a dos metros del suelo, donde debería de haber toallas. Dicha sujeción le ayuda a curvar su cuerpo para poner ese fastuoso culo en pompa. Deja caer su cabeza y relaja la espalda, que descansa colgando de sus brazos. Tiene las rodillas juntas y una pierna un poco más adelantada que la otra para mayor estabilidad.

Bruno tarda un poco en reaccionar, pero la infartante estampa de su sobrina desnuda ante él, ofreciéndole el más suculento de los manjares, aplaza sus intrigados razonamientos. Sus piernas flaquean y cae bruscamente; y es que esa emoción que le acompaña afecta a su motricidad restándole mesura. El suelo blanco y completamente liso que lo sustenta es misericordioso con sus rodillas y le permite avanzar hacia su ansiado regalo bajo la incesante lluvia de agua fresca que refrigera su combustión.

 

A:  Sí… Cómetelo…Cómetelo entero… ¿Cuántos? ¿Cuántos días llevabas deseándolo?

 

Bruno está demasiado ocupado para contestar. Usa sus dos manos, su boca y su lengua para disfrutar al máximo de tan preciadas nalgas. Su sobrina tiene razón. Han sido muchos días, y esos sentimientos amorosos no han hecho más que intensificar su deseo hacia ese precioso y tierno culo adolescente, desterrando el más mínimo asco que pudiera sentir su lengua al aventurarse por sus rincones más oscuros.

Ainara cierra sus ojos para intensificar sus otros sentidos. Está cachonda como hacía mucho tiempo que no lo estaba y sí: lo de “pitufina” no ha hecho más que ponerla más a tono si cabe. Siente la nariz de su tío entre las nalgas y esa atrevida intrusión viscosa profanando su sagrado boquete anal. Muy cerca de ahí, las manos de Bruno han terminado de ascender por uno de sus muslos, haciendo llegar algunos de esos pasajeros digitales a la zona más erógena de la chica. Su gozo se verbaliza eróticamente:

 

A:  Ooh… oOh… Cómo me estás poniendo BrunoOh… Sigue… Sigue así… No pares.

 

Por un momento fugaz, esa niña incandescente tiene el impulso de bajar una de sus manos para estimular su chocho pelado con más vehemencia, pero el virtuoso progreso de su amante logra que desista de esa idea y sigua agarrándose con más fuerza a su soporte. Ainara separa sus muslos para que la trayectoria vocal de su tío tenga mayor recorrido. Bruno no se hace de rogar y usa su ancha lengua con entusiasmo barnizando con sus babas todos los recovecos que consigue abarcar.

El instinto de esa chica tan lubricada toma el control de su cadera, que se contonea en busca de unos roces más frenéticos. Su tío se da por aludido e intensifica dicha actividad mediante todos sus anexos activos. Ainara se pronuncia al respecto con una voz muy aguda y temblorosa que parece falta de oxígeno.

 

B:  Joder Bruno… Creo que… oOh… me corro… casi… casi… yaaaaaaah… aaaahhah

 

Se muerde los labios para contener su explosión mientras unos incontrolables espasmos pélvicos evidencian su clamoroso orgasmo. Bruno no puede mantener su boca pegada a ella frente a tan bruscos movimientos, pero intenta usar sus manos hasta el último momento. Sentir como se corre Ainara, gracias a él, lo realiza de un modo tan sublime que le resulta difícil de concebir. Las siguientes palabras de su sobrina lo dejan descolocado.

 

-Sal de aquí-   con una mezcla de enfado y vergüenza.

-¿Qué? ¿Qué pasa ahora?-   sin dar crédito.

-Eres un marrano. ¿No te da vergüenza hacerme estas cosas con la boca?-

 

Bruno empieza a percibir fisuras en el realismo de ese diálogo. Sus dudas alimentan sus más procaces esperanzas, ya que no quisiera, bajo ningún concepto, terminar esa sesión incestuosa tan pronto. Además, sobra decir que sus intensos sentimientos hacia esa niña le hacen especialmente susceptible a cualquier enfado o resentimiento que ella pudiera dedicarle. Se pone en pie cautelosamente mientras intenta sacar el entresijo.

Ainara da un paso al frente entrando de lleno en la incesante cascada que apenas mojaba la mitad inferior de su cuerpo hasta el momento. Levanta los brazos para dejar atrás su melena empapada. Su cuerpo es tan excelso que hasta el movimiento más cotidiano parece dotado de una belleza inaudita.

 

A:  No quiero que me beses con esa boca de gorrino. Sal ahora mismo y lávate.

 

A pesar de que ese hombre le saca casi dos palmos, la chica no se amilana a la hora de abrir la mampara y echarlo fuera. Algo sonriente, Bruno obedece y se encara a la encimera. Lo está dejando todo perdido. Será mejor que se cuide de no resbalar.

 

A:  Puedes usar mi cepillo de dientes. Tengo enjuague también.

 

Sin contestar a esos imperativos, obedece sin rechistar. Su calentura acumulada no le impide sentirse sobre una nube mientras saborea el mentolado y explosivo elixir verde que oscila en el interior de sus mofletes. No había experimentado esa clase de sensaciones desde que, hace casi dos décadas, tuvo ese rollo tan mágico para él con Diana.

Sé que comerle el culo a mi pitufina no tiene nada de romántico. Pero esa complicidad que nos une ahora… esa intimidad… Esas cosas que están a punto de suceder desde ya…

Mientras aparta de su camino todos los malos presagios que amenazan el frágil destino de sus días venideros, se encamina de nuevo hacia la ducha, donde Ainara no ha dejado de remojarse.

 

B:  Tus dedos terminarán por arrugarse con tanta agua.

A:  Sí, jaja… Escucha: tengo el culo muy limpio ¿eh? Pero es que… soy muy quisquillosa.

B:  No te preocupes. Huele:  aaaaaah

 

Bruno se acerca mucho y le lanza su fresco aliento de menta. La primera reacción de Ainara es la de apartarse, pero pronto revierte su actitud para inspirar ese aire originario de los pulmones de su tío. La proximidad con él se acentúa, irreversiblemente, rompiendo con todos sus tímidos reparos. Siente esas fuertes manos bajando por su zona lumbar; dando forma a un firme abrazo que pronto se consuma mediante un apasionado beso que parece no tener fin. Esta vez no hay un móvil filmando, nadie interpreta ya ningún guion engañoso, no queda un solo pretexto que le quite realismo a esa ternura.

 

-En serio… No puedo-   dice ella mientras se ríe sin despegar sus labios.

-¿Qué? ¿Qué pasa?-   temiendo otro jueguecito de su sobrina.

-Es como dos padres que quieren enrollarse, pero el hijo pequeño se mete por medio-

 

Ainara se aparta y se tapa la boca con las dos manos para cubrir su avergonzada carcajada. Mira hacia abajo donde la impaciente polla de su tío no deja de reclamar la atención que merece. Se trata de un pedazo de carne, venoso y enrojecido, que no parece muy conforme con esa sensiblería tan pausada.

 

B:  Bueno… … No es un hijo tan pequeño.

A:  !No-Qué va! Diría que Bruno Junior ya es lo bastante mayor para ir a la universidad.

 

Entre risas, la chica casi no puede terminar su chistosa y ocurrente frase. Tras unos instantes dubitativos, se la agarra por vez primera de un modo demasiado formal; como si de una simple encajada de manos se tratara:

 

A:  Encantada señor Clemente.

B:  Mucho gusto señorita Clemente.

A:  !JOh! Ya nos vale. Imagina que me preñas. Serías padre y… … tio-abuelo del bebé.

B:  No pienses en eso ahora. Además: has dicho que no podemos follar; que sería raro.

 

El agua sigue peinando el pelo liso de Ainara y dotando de destellos parpadeantes la cabeza, medio calva, medio rapada, de su tío. Ese acuático manto sonoro sostiene una muda mirada más abrupta para ella que para él; puesto que es la chica quien ha de levantar la cabeza y enfrentar sus ojos a esa tenue lluvia que moja su cara, limpia ya de cualquier rastro de maquillaje.

Ainara se muerde el lateral de su labio inferior, sinuosamente, sin desatar la mirada que los une. No deja de sacudirle la polla de un modo cada vez más agresivo. Bruno siente como se tambalea su virilidad. Lleva tanto rato empalmado y jugueteando con su sobrina que su duradera erección empieza a tornarse insostenible y amenaza con desbordarse prematuramente.

 

-WoOoOh Ainara. Como sigas así vas a conseguir que…-   respirando hondo.

-Espera, espera-   cerrando el grifo con un gesto fugaz   -Te la voy a enjabonar-

 

Me da que no aguanto ni diez segundos más. Estoy… Estoy…

A Bruno le preocupa más decepcionar a su niña que finiquitar ese gozo prematuramente. Tiene tantas ganas de correrse que está a punto de explotar. Ainara está teniendo ciertas dificultades para embadurnarse las manos de jabón, dado que su tío no deja de amasarle las tetas. Finalmente, opta por apretar la botella y dispensarle un generoso y certero chorro sobre la discreta pelambrera que abraza la base de su falo palpitante.

 

-Quitaaah-   dice ella musicando mucho su tono infantil.

-Vale Ainara, pero es que… es que… ufff-

 

La chica se sienta en el borde interior, donde se unen los azulejos rosados con una elevación del plato de la ducha a modo de banco. Bruno empieza a enajenarse mientras ella juega con sus espumosos huevos. Esos dedos puntiagudos estiran su escroto importunando la perpendicularidad de su reluciente trabuco, muy cerca del rostro de Ainara. Bruno ya desvaría:

Te voy a hacer un Ainara-EnTuCara sin avisar

El gel de ducha todavía abunda y viste a ese miembro viril con su inherente viscosidad. Los alcalinos trabajos manuales de la chica se aceleran con entusiasmo y ya empiezan a quebrar la presa que, durante largos minutos, a conseguido contener el caudaloso esperma de su dueño.

 

A: ¿Así?… ¿Asíiíiíií?… ¿Te gUstA? ¿Te gUstA BrUnOh? DimE quE tE gUstaAah.

B:  Oh… oOoh… Síiíií… Me EncAntAh… Me EncAntaAah… YaaAh… YaAh… YaaAh…

 

Bruno siente como toda esa ansiedad acumulada se escurre, a través de su polla, con gran presión; mancillando, vilmente, la tierna carita de su sobrina. Una descompresión dantesca le otorga el mayor de los desahogos propulsándole hacia cotas de placer que le habían sido vetadas a lo largo de muchos años.

Ainara no se puede quejar. No solo ha recibido avisos verbales, sino que ha notado como ese lujurioso pene se contraía en sus manos justo antes de premiar, tan generosamente, a su rostro y a sus tetas. Se hace la ofendida, pero en el fondo lo estaba deseando. Un poco abochornada, vuelve a activar el grifo para no prolongar más ese humillante estatus pringoso.

 

A:  Vaya chorro Bruno. Me has echado un litro por lo menos.

 

Bruno sonríe desde el suelo. Siente que ha perdido toda su energía vital en esa gloriosa contienda orgásmica y, finalmente, ha desfallecido. Tras unos pocos instantes embriagadores, sus sentidos aturdidos vuelven a cobrar protagonismo. Ni siquiera había reparado en el agua que vuelve a regarle desde lo más alto. Mientras se recompone, intenta encontrar una postura más confortable, pues ese plato de ducha, pese a ser grande, no puede albergar sus casi ciento noventa centímetros de estatura. Logra incorporarse y se sienta en el suelo, colocando sus brazos en la misma bancada en la que se sentaba a su sobrina.

Ainara ha vuelto a usar su champú de frutas cítricas para asegurarse que el estado de su pelo vuelve a ser impoluto tras ese chaparrón lechoso. Pronto repara en esos ojos que la observan embobados desde abajo. Con tono suave pregunta:

 

A:  ¿Qué estás mirando?

B:  Miro a la chica más hermosa que he visto jamás.

 

Ella sonríe tímidamente y no pronuncia una respuesta que pueda desvirtuar esa última frase. Vuelve a dotar sus gestos presumidos de un talante que se debate entre el posado y la coreografía. Suspira y vuelve a notarse cachonda. Le parece ya lejano ese intenso orgasmo que tanto la ha hecho disfrutar hace solo un rato. Se siente realmente alegre y sabe que todavía tiene al artífice de su felicidad ahí mismo, rendido a sus pies. No quiere travesar los límites que encierra ese cristal, ya completamente empañado, sin recibir todo lo que él tenga para darle.

 

A:  Y pensar que hace solo un par de horas estaba llorando desconsolada.

B:  Pues te veo muy contenta… … ¿Por qué será?

A:  No vas a salir de aquí hasta que no me hallas follado.

B:  … … … Pensaba que… … “eso sería demasiado raro”

A:  Cállate.

 

Ainara se acerca, con aires altivos, y le da la espalda. Abre sus piernas y clava las rodillas en el suelo, sentando su soberbio culo sobre el regazo de su tío. Las inquietas manos de Bruno no tardan en reaccionar y vuelven a abrazarla desde atrás para acceder a sus sublimes tetas de nuevo. No podría llegar a cansarse nunca de sobar esas suculentas y suaves peras.

 

-¿Crees que podrás?-   le pregunta ella repleta de dudas.

 

A la debilidad que tiene ese hombre por las niñas demasiado jóvenes, se le suma su peculiar filia por las chicas mojadas y el plus morboso que le provoca su cercano parentesco con Ainara; sí además intervienen los mágicos sentimientos amorosos que se han apoderado de su pensamiento estos últimos días, tenemos un cóctel afrodisíaco capaz de vigorizar continuamente a esa polla cuarentona. No tarda en sentir como su carnosa extensión vuelve a atiborrarse de la sangre de su organismo.

 

A:  Oh… … Ya veo que sí… … Se nota que te gusto mucho.

 

Ainara está moviendo su culo. Hace rodar las nalgas por encima de su tío, quien se ve obligado a soltar esos admirables pechos para atender dichas redondeces anales. Todavía bajo el constante diluvio casero que les acompaña, la chica se apodera de ese duro manubrio y restriega el glande por sus húmedos labios inferiores. La impaciencia le puede y no tarda en metérsela toda dentro. Hasta el fondo. Su voz se vuelve a quebrar mientras trepa a tonos más agudos:

 

A:  !!OoOh DioOss!! Pero que poOlla tienes.

 

Bruno se muerde la lengua y se calla unas palabras que resultarían demasiado amorosas. Nada le cortaría más el rollo a su sobrina que conocer, en este mismo momento, el desatado enamoramiento que lleva días atormentando a su tío.

 

A:  OoOh… oOooOh… Síiíiíií… foOollame… Fóllame.

 

A ciencia cierta, es ella quien lo está follando a él. Bruno solo se asegura de mantenerse bien firme frente a las acometidas de Ainara y de acompañarla en la medida de lo posible.

 

-No te corras dentroOh… … sobretodo ¿eh?-   con la respiración muy afectada.

 

La chica ha hecho un breve paréntesis para mirar atrás y susurrarle ese ruego con un tono muy diferente. Tras conectar sus miradas a través de ese alborotado pelo mojado, Ainara vuelve a la carga sacudiendo sus caderas con entusiasmo.

Por su parte, Bruno está en el séptimo cielo. Se siente el ser más afortunado del mundo. Poco podía imaginar, hace tan solo unas horas, que hoy haría realidad las fantasías que revive cada vez que mira los videos cachondos de su sobrina bailando provocativamente en la red. Está profundizando en ese frenético twerking; metiéndole toda su virilidad como tantas veces ha soñado que lo hacía para terminar derramándose en un clínex.

 

B:  !Qué buEnA estÁs AinArAh! … !!Es que noOh… nO me lO creoOoOh!!

A:  Joder BrunoOh… Me vOy a cOrrer Otra vez… !OoOh!… !oOh!…

B:  Valeeh… Síií… CoOreteh mi nenah…

A:  NoOh… nena nOh… ¿Quién sOy BrunoOh?… DímElO Otra vEz… COmo antes.

B:  CÓrrrEtE Pitufina… cÓrete para tu tío Bruno.

A:  !Síiíi!… mngh…  !oOoh!… MmMm… me corro… !!!ya mMe corrrooOh!!!

 

Mientras sufre este anunciado y pavoroso orgasmo, Ainara detiene sus violentas embestidas; permitiendo así, que esas volubles nalgas abandonen sus formas efímeras y recuperen su redondez habitual bajo la lluvia incesante que les acompaña. Su tío las acaricia tiernamente mientras percibe esos gratificantes temblores involuntarios, frutos de tan intensas sensaciones. La chica retuerce su torso para poder mirarle a la cara de nuevo.

 

A:  Diooos que gozadah… Qué bien que lo estoy pasando Bruno.

B:  Ha sidoh… buena idea venir, después de todoOh… A pesar de que no te acordabas.

A:  Que no tontoh… Que sí que me acordabah… … … ¿A ti te falta mucho?

B:  Quiero… Quiero follarte por el culo Ainara. Llevo muchos días queriéndolo.

A:  Alaah… ¿Qué dices?… … Eso sí que no lo he hecho nunca.

B:  Pues que sea la primera vez conmigo.

A:  Es que… me va a doler.

B:  Que no… que no, ya verás. Me pongo jabón y voy con cuidado.

A:  Es que no sé.

B:  Vamos pitufina. Hazlo por mí. A ver si te gusta.

 

La chica no puede evitar sonreír al volver a escuchar ese disuasorio apodo otra vez. Se desenrosca y se inclina para alcanzar la botella de jabón.

 

A:  Toma. A ver qué haces ¿eh?

B:  Tú relájate. Veras como está bien.

A:  No sé, no sé.

 

Con la vista puesta al frente, hacia el cristal empañado, Ainara se limita a sentir como ese tremendo trabuco se abre paso entre sus nalgas y se aventura, lentamente, muy adentro de su culo. Son sensaciones totalmente nuevas para ella. Siempre había considerado que su ojete era sagrado, pero ahora que la polla de su tío está profundizando en su ano de una forma tan firme y viril, se arrepiente de no haberlo probado antes.

Se nota llena; rellenada, dolorida pero muy excitada. Siente una morbosa vergüenza que mezcla su calentura con sensaciones más escatológicas. Empieza a balancearse para prolongar esa repetitiva y candente trayectoria anal.

 

B:  Qué bien… Que bien Ainara… Que culoOh… que culo tan apretadito tienes.

A:  Ooh… oOh… Síiíií… Estoy… EstOy cagando una polla.

B:  NoOh… oOoh… pero ¿Qué dices?

 

A Bruno le escandalizan esas palabras en la boca de la que un día fue su inocente princesita pero, ciertamente, esa gracia soez no desentona con los indecentes actos que están perpetrando.

 

A:  TeníAs razÓn… oOh!… Me gUsta… Me gustA sEntir tU pOya… dEntrO dE mi culO.

B:  OoOh… ¿Lo vEs?… oOh … OoH… TienEs quE… hAcerme casO.

A:  JOder… cOmo mE gUsta… si agUantAs… si AguantAs mÁs igual… me cOrro Otra vEz.

 

Su ano está cada vez más lubricado y ese indecente trajín rectal se vuelve más enfervorecido a cada sentada.

 

A:  !Vamos!… !VamOs!… Ah… !Qué BiEnnnh!

B:  OoOh… oOoH… No vÓy a tardAar… No tArdO nAdaAh.

A:  MmMmMmh… mMmMmmMh… oOoh… OooOh… Síiíiíi.

 

Ainara no quiere quedarse a medias y se toca por delante para acelerar su propio proceso. Hoy parece haberse abierto la veda para unos orgasmos que no suelen ser tan asequibles. La impaciencia del tercero espolea su libido hasta que esa doble estimulación termina por conseguir su ambicioso objetivo. La aguda y temblorosa voz de la niña no puede callárselo:

 

A:  OoOh… Por DIOOOSS… OoOh… oOoOh… !yAaAh!… !!YaAaAh!!

 

Simultáneamente, Bruno se estremece en silencio mientras el redondo culo de su sobrina todavía bota, con insistencia, sobre su regazo. La abraza para detenerla y se derrama dentro de ella sucumbiendo al más placentero y mojado orgasmo de su vida.

 

0-1

 

BrunoSoloHayUno

 

ainara 5

Lunes 15 mayo

 

Mientras anda por la calle, Bruno echa en falta los tiempos en que su vida era sencilla, serena y lineal. No hace falta remontarse muy lejos, basta con tres semanas. Por aquel entonces, sus máximas preocupaciones eran algunas facturas impagadas y los números rojos de su cuenta bancaria. Ahora esas cosas le parecen nimiedades. Puede que su remontada económica tenga algo que ver en eso, pues viene de cobrar su último encargo fotográfico para una tienda de animales.

Ciertamente: fotografiar gatitos y cachorros perrunos conlleva menos complicaciones que tomar como modelo a según qué sobrina

El huracanado regreso de Ainara a su vida se llevó su sosiego y ahora vive en un estado permanente de zozobra. El caso es que no ha vuelto a verla desde ese lluvioso viernes, en casa de Justo.

¿Es que me he perdí algo? ¿Acaso no fue una velada memorable? ¿A qué se debe este ostracismo?

Su pensamiento quejoso discrimina unos motivos que, sin duda alguna, podrían justificar dicho distanciamiento: Es evidente que la chica tiene razones para sentir vergüenza y no querer perpetuar esa incestuosa relación intergeneracional.

Caminar por las ramblas de Fuerte Castillo le hace rememorar ese primer paseo con su sobrina. Su engañosa memoria le hace revivir esos pasos como si por aquel entonces ya estuviera enamorado de ella, cuando a duras penas habían roto el hielo. En ese mismo tramo tuvieron el encuentro con sus fans:

Perdona… Disculpa… Tú eres… Eres Ainara ¿no?

Sí… sí, soy yo, en carne y hueso.

¿Nos podemos sacar una foto contigo?

Esos críos, que le revelaron el secreto de AinaraEnTuCara, se morirían de envidia si supieran lo que ocurrió en el lavabo de su musa hace tan solo diez días. Sin embargo, eso no consuela a quien fue partícipe de esa lúbrica actuación.

A pesar de que los primeros momentos, tras salir de la ducha, fueron algo incómodos, pronto regresó el buen rollo. Su sobrina estaba tan contenta que se animó a hacer la sesión fotográfica que habían programado a principios de esa semana. Ni una lluvia cada vez más intensa, ni una localización tan hogareña, pudieron impedir que Ainara se enfundara sus shorts más atrevidos y empezara a pavonearse por la planta baja de esa lujosa vivienda.

¿Dónde quedaron esos cariñosos mensajes por el chat? ¿A dónde se ha ido esa entusiasmada impaciencia por tener las fotos? ¿Por qué se han esfumado sus ganas de verme?

Ese mismo viernes, Bruno le envió un mensaje de buenas noches que no recibió respuesta. El domingo le hizo llegar, vía mail, los resultados terminados de su trabajo fotográfico; recibiendo a cambio un simple y frío:

Gracias Bruno. Han quedado muy bien

 

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